...O las emociones haciendo de las suyas bajo el puente

Wednesday, May 31, 2006


¡No se puede caminar!

Hace apenas un par de días los taxistas preguntaban por la gente; hoy todos circundan las bahías. Pobres, ricos, y quienes jamás soñaron visitar esta ciudad

Pedro Díaz G. /Enviado

Sydney.-- La ciudad está hecha un caos.
Cada rincón de playa Bondi, las avenidas principales, el centro de la ciudad. Todo es movimiento sin igual.
--Jamás nos había pasado esto –apresura un cocinero que sirve delicioso kebab, carne asada al estilo conocido como tacos al pastor.
Y es que hay infinidad de platillos, la mayoría orientales, que los visitantes, sobre todo mexicanos, se rehusan a probar, pues acaso por su aspecto no son del todo confiables.
--Por eso, mano, bendito sea el McDonalds, que nos saca del apuro.
Eso sí: todo es tan apresurado, que encontrar un buen restaurante, donde saborear tranquilamente la comida, es imposible. Todo son comidas rápidas, y ordenes que se llevan para ir caminando mientras los ojos tratan de asir cada una de estas imágenes. A mitad de la bahía, entre el avasallador avance de una multitud que avanza en onduleos (imposible será seguir una línea recta pues alguno se detiene, otros andan más despacio y, todos, cámara en mano, pretenden regresar).
Es la bahía Darling la niña bonita de la ciudad. La del relajo tiene otro nombre: King cross; la parte más conflictiva y verdadera de toda la ciudad. Antros, mujeres, diversión.
Los parques están llenos porque han sido provistos de pantallas gigantes que transmiten las competencias más importantes.
Habrá que escuchar la bulla de la gente. Habrá que ver el diseño de los sitios, de las fuentes, chorros de agua que se permiten mil formas y colores.
Cómo asirse de una ciudad tan bella como esta en unos días.
--No mano, aquí cuándo vamos a regresar.
Cierto. Lo saben estos aussies que se desviven por dar una grata imagen, lo mismo en cafés, tiendas, cabarets.
“Disculpe, ya cerramos –dice un jovencito el rostro convertido en amplia muestra de gratitud por la visita”, pero, ¿de verdad le encantó aquella comida?
Y, tras algunas señas a sus compañeros, que ya limpian, ya enjabonan el lugar, él dice no le prometo nada, guiña un ojo, ym aunque resbala y casi cae, regresa ufano: espéreme cinco minutos y ahora se la traigo.
Es, no hay duda, la fiebre olímpica que a todos contagia.
A quienes cruzan la ciudad en busca de noticias, a los que caminan simplemente para tomarse fotografías; a los propios australianos, admirados porque todo mundo quiere un sitio en este espacio.
Todo está aquí y todo a la vista:
Circular Quay, el punto de embarque cercano al Puente Harbour, que estos días –las fotografías recorren el mundo entero-- tienen bajo sus arcos los anillos olímpicos, y desde muy temprano organiza excursiones para escalar su metálica estructura.
Royal botanic gardens, para románticos que quieran sumergirse con la naturaleza y contemplar plantas y flores; Macquarry Street en el centro de The Rocks; la AMP tower y su restaurante goratorio: construcción realizada para venerar la justa olímpica y punto más alto en la ciudad.
...Nielsen Park, Balmain Parramatta. Double Bay, Coogee, Blakheatt, playas, paisajes, casas viejas. Todo hay.
No alcanza el tiempo para todo.
Hay que escoger. Muchos se quedan con King Cross, la niña fea que habita este lugar:
--Sex shops, masajes, prostitutas, strip clubs...
Ah, qué taxista aquel, tal pudoroso: que no había relajo en Sydney, dijo. Pues qué, ¿acaba de llegar?


La itinerante historia de Jacinto Zepeda

Lo mexicano se le nota no sólo el sombrero que por cien pesos compró en La Ciudadela. Mil 900 dólares, el boleto. Dos mil más para gastos... “Ahorro durante cuatro años, me preparo, y a viajar”, dice desde el Mundial de España 1992. Hoy, aquí, la estancia nada le cuesta
Pedro Díaz G. /Enviado

Sydney.—Ayer me entrevistó Jorge Berry –se ufana bajo el sombrero azul con bordados en plata, en realidad de fantasía: pagó por él apenas cien pesitos—y andaba bien pedo. Yo pensé que no me iba a sacar en la tele, pero sí. Cuando hablé a casa mi hijo Hugo gritó: “oiga apá, lo hemos visto ya varias veces”...
Otea Jacinto Zepeda para cubrir todo lo posible aquí, a un lado de la entrada principal del Centro de Convenciones, a mitad de la Bahía de Darling, a donde llega gente todos-colores, todas-pasiones, al torneo de boxeo olímpico. Arribó a esta ciudad de luces centellenates, lásers que apuntan hacia el cielo, olores entre lo exquisito y lo terrible, apenas el miércoles. Busca alguna persona que le revenda un boleto y, aunque sabe que en la calle Hay esquina George Street se han apostado los revendedores para cualquier clase de competencia, aquí, asegura, “a la hora del inicio, te lo dan al precio. Y así no tienes que formarte”.
Huele a todo, en este Sydney de días olímpicos y noches de Rib Eye a la cebolla. De fragancias deliciosas cuando pasa una mujer, se llena el ambiente por las calles, pero uno predomina en el tren subterráneo, en los autobuses, en centros comerciales y mercados: el acre aroma del sudor de africanos, hindués, orientales. Ufff, qué asco. Se asoma tímido el de palomitas y, de vez en vez, llega a la explanada de fuentes en constante movimiento el suave y generoso aroma a mar.
--Ahorita encuentro a uno que me venda la entrada –dice y saca un gabán del mismo tono: “Viva México, cabrones”, se insulta en letras platinadas--. Porque hoy pelean dos mexicanos: Zeruche y Francisco Bojado.
La gente no se molesta, pero llega a fastidiar ese abrir y cerrar de bolsas bajo los arcos electrónicos que resguardan cada instalación. Ojos mil veces avisores hurgan en bolsas, hay que quitarse hasta el último vestigio de metal; suenan hebillas y relojes. Y entonces, otro hombre, otra mujer, otro Hiroshi ojos rasgados, será el encargado de inspecciopnar que, de verdad, nada prohido se filtre en el estadio.
--¿Y esas tijeras, para qué las quiere?, pregunta iluso un policía, acaso imaginando la respuesta: “para matar a alguien, señor oficial del ejército australiano de voluntuarios con pálida mirada”.
--Es por su propio bien, no se despeperen --vomitan las bocinas de la arena, del estadio, de la cancha, de la pista, de los escenarios donde mandan vigilantes como se de reclutados en el medio oriente se tratase.
Está aquí Jacinto Zepeda con su sombrero mexicano. Muchos le saludan. Se ha dado cuenta de que, además, traerlo puesto es casi sinónimo de ligue. “Acabo de ocnocer a dos colombianitas, que no inventes”...
No es la primera vez que está fuera de la patria.
--Y es que sí se puede, casi grita en ese tono tan conocido desde hace unos años en el dpeorte mexicano.
En España comenzó su sueño itinerante.
--Tenía yo como 20 años, y me dije: no, Jacinto, la vida sólo se vive na vez. Y estas competencias son las que reúnen a la humanidad entera. Si quieres hacer algo con ti vida, viaja. Porque cuando te mueras, pues qué te vas a llevar. Y sí, me respondí yo mismo: a ahorrar, entonces.
España 1982, México –que le salió casi gratuito, pues vive allá por Naucalpan--, Italia 1990; Estados Unidos 1994 –“donde sólo estuve hasta que México perdió con Bulgaria pues allá si me gasté hartos dólares”--, Francia 1998 “donde ahí sí, viajé hasta con mi esposa”; y Juegos Olímpicos: Barcelona 1992 y, ahora, Sydney 2000.
--¿Es fácil?
--Lo es, si te decides. Yo, por ejemplo, soy agente de banquetes. Si tú quieres hacer bodas, quinceaños, bautizos, ceremonias, yo las contacto y me gano un quince por ciento. Y te imaginas: ese porcentae de un banquete de cinco mil personas, de a 150 pesitos por persona. Ya es algo. Trato de destinar siempre una parte para el banco, y ahí se va haciendo la ronchita.
El restaurante bar, Las Campanas, en el centro de Sydney –bajo edificios de más de cuarenta pisos, y entre cascadas de personas que charlan inmersos en idiomas y lenguas inintelegibles--, es uno de los pubs mexicanos de moda. Hasta allá llega Jacinto con su sombrero, alguna noche. Todos, todas, quieren tomarse una foto con este auténtico mexicano, que hoy viaja en Ferry y al regresar irá a su casa desde el aeropuerto en metro. Y le bailan en las piernas australianas. Y corre y corre de una bara a otra la cerveza. Y el relajo lo arma este hombre de bigote, que hoy festeja.
--Nos quieren un chorro por acá a loos mexicanos. Y con este sombrerote, pues, aunque lo creas, llamas la atención. Una vez, cuando en Barcelona compitió José de Jesús Córdoba en takwuon..., cómo se dice, taekwondo, y que le presto mi sombrero a que no adivinas a quién nos encontré, ahí, al ladito, y ahora está en la cárcel.
--¿A Cabal?, ¿al mochaorejas?
--No, a Raúl Salinas... Allá andaba, muy feliz.
--¿Cuánto le costó este viaje?
Mira hacia el océano de Tasmania, Jacinto itinerante. Absorve cada paso que la gente da, los movimientos en la calle, la educación de tener las calles limpias, la forma de comportarse de la gente. Dice al fin:
--Pues no mucho. El boleto, por ejemplo, lo anduve buscando en el mejor de los planes y me costó mil 900 dólares. Y me traje otros dos mil, para pasarla aquí. Pero, sabes, lo más importante es que uno como mexicano es muy ingenioso y se las va arreglando. Los primeros dos días, me la dejaron caer con 120 dólares la noche, en un hotelito más o menos. Porqiue ahora todo está muy caro. Luego me moví, y conseguí una casa en la que me rentaban de 45 dólares al día. Ya era una ventaja, ¿no? Pero ahora no lo vas a creer: conocí a un chavo de acá, un señor muy buena onda, y me está dando hospedaje gratis. ¿No es una maravilla? Al regreso, ya pensé, le voy a dejar mi gabán y le voy a comprar un buen regalo.
--¿Por qué viaja?
..Porque pienso, a mis hijos tengo que darls una educación. Ser ejemplo. Y si sólo conozco las cosas que suceden en un lugar, pues de dónde. En cambio así, saber que hay tantas culturas, tantos tipos de comida, tantos idiomás, tantas formas de comportarse, siento que estaré mejor preparado para ser buen ejemplo de los tres: Julio César, Hugo y Blanca.
Un secreto tiene para el éxito, Jacinto Zepeda: su somprero de a cien pesos. Y ya se va, en busca del vendedor de boletos. Porque hoy, además del boxeo, quiere ver el futbol Italia-España.
--Y sabes que es lo mejor: que siempre el sombrero se queda acá. Porque te imaginas llevarlo en el vuelo de regreso. Sería peor que un estorbo y llegaría todo doblado. Y, además, depende cómo me haya ido, ya decido lo que hacer: o lo regalo a alguien de por aquí o lo vendo y, ¿a poco no crees que por él me den cien dólares? Si una chica linda ya me dijo: te lo cambio por el mío y yo le contesté pues cómo crees y mejor ven, no te hagas del rogar, y dame un beso...


Imágenes de una larga tarde


Ramón Márquez C. y Pedro Díaz G./ Enviados


Sydney.- Imágenes son de una larga tarde.
La tarde del escándalo…

* * *

Mario Vázquez Raña irrumpe furioso en el amplio salón, por el que, a través de un pasillo que forma una greca, los atletas que acaban de competir conceden entrevistas a los reporteros.
Y ahí, al pie de una puerta que da acceso a un pasillo interminable con puertas a ambos costados, empieza una agria discusión. A ella se unen Ivar Sisniega y Felipe Tibio Muñoz. Es fuerte el enfrrentamiento verbal con algunos dirigentes de la Federación Internacional de Atletismo Amateur
-IAAF, por sus siglas en inglés-. Es la discusión que precede a la protesta oficial del Comité Olímpico Mexicano por la tardanza de la IAAF en dar a conocer a Bernardo Segura que no, no era campeón olímpico en 20 kilómetros de caminata, porque había acumulado tres amonestaciones -equivalentes a una descalificación automática.
Todo mundo grita. Todo mundo empuja. Se atropellan las palabras, ecos incomprensibles de sí mismas. A un lado, aún atónito, Bernardo Segura recibe, de un juez, el documento oficial en el que se comunica dónde y cuándo se produjeron las tres amonestaciones.
-Yo no vi a ningún tercer juez -dice el marchista mexicano… -En dado caso, en ese momento debí de haber sido retirado de la pista.
--¿Qué pasa, que está sucediendo ahora?
--En realidad no lo sé -dice Bernardo, ausente su mirada-… Hablan de una tercera tarjeta, dicen que no he ganado, que me descalificaron…Pero no lo han hecho oficial todavía.
A unos metros de ahí, en la vasta sala de prensa en la que desperadamente teclean cientos de reporteros de todo el mundo, anuncia la anónima voz en el altoparlante:
--Atención, señores periodistas: autoridades de la IAAF han confirmado la descalificación del mexicano Bernardo Segura en la prueba de 20 kilómetros de caminata. Robert Korzeniowski es el ganador de la competencia; Noe Hernández es segundo lugar, y tercero Andreyev Vladimir.
--¿Qué están haciendo aquí los funcionarios del deporte mexicano? -preguntan a Bernardo.
--Sé que presentaron una protesta, pero ese tipo de apelaciones nunca prospera - responde, aunque de inmediato abre la puerta a la esperanza:
--Y si me regresan la medalla, qué bueno, porque la merezco.
--¿Y si no?
--Lo peor es que me hayan dejado festejar…
Manos desconocidas tiran de sus ropas.
--Que vengas, que vengas al salón donde se va a producir la apelación -le dicen.
Y se lo llevan.
Se pierde la figura de Bernardo por el largo túnel, caminando de prisa -¿también aquí?-, ahora detrás de los hombres de pantalón largo, que continúan discutiendo acalarodamente.
A unos metros de ahí, Korzeniowski marcó el número telefónico de su casa, en Krakow, Polonia, y comenzó a hablar con su esposa, Agnieszka…Repentinamente, alguien le trajo las buenas nuevas: ya no era medallista de plata, sino de oro. Rompió a llorar. Y dijo entonces a la amada Agnieszka: “Querida, querida, me estoy volviendo loco… Soy el ganador”.


A UN KILÓMETRO
DE LA META


Con frialdad pasmosa lo da a conocer Brian Roe -hombre con cara sin alegrías, sin curiosidad ni expectativa, llena solamente de designios hostiles-, que en esta conferencia de hoy representa a los jueces internacionales de la caminata :
--La tercera amonestación para Bernardo Segura -que determinó su descalificación-, se produjo a jun kiilómetro de la meta.
Eso quiere decir que, cuando menos, y además del propio instante de sancionar por tercera ocasión al anarín mexicano, contaron con once minutos para comunicárselo y evitar que entrara al estadio y se sintiera campeón olímpico. Eso, cuando menos. Hay que agregar todo el tiempo del festejo, la vuelta al estadio, las entrevistas a la televisión, la charla con el presidente Zedillo…Entre cuarenta y cincuenta minutos más.
--¿Y por qué se tardaron tanto para darle a conocer que estaba descalificado?
Incapaz de responder a lo que no tiene respuesta, se pierde Roe por los terrenos de lo absurdo:
--Es que había mucho tránsito. No podíamos acercarnos a él. Y un helicóptero no hubiera podido acercarse al estadio. Había mucha gente en la calle.
Así que en estos tiempos de la cibernética, en los que fueron instalados 45 kiilómetros de cable de fibra óptica para facilitar la comunicación telefónica en el complejo olímpico, en esta época en la que hasta los niños juegan con un walkie-talkie, la IAAF carece de medios para dar a conocer a un atleta que ha sido descalificado.
¿Qué hay de aquellos tiempos en los que, inclusive, el juez que mostraba la tercera tarjeta se interponía entre el corredor y la pista para evitar que continuara avanzando?
--Nosotros podemos tardarnos el tiempo que queramos, el que necesitemos…
Y después se sumergen en un mutis irritante.


JUSTICIA DIVINA


Roe y su cara dura ocupan el extremo izquierdo de una larga mesa en el salón de conferencias. En el extremo opuesto asoma el rostro juvenil y de autóctonas facciones de Noe Hernández. Al centro, las pálidas mejillas del eufórico polaco Robert Korzeniowski dan paso a un marcado arrebol; ha sido casi una hora y media de intensa presión y de ardua competencia bajo los fuertes rayos solares. Su simpatía es natural. Habla con tanta rapidez y en él tantas ideas a la vez, como la fuerza y la tenacidad que emplea en la pista.
Lo presentan como el primer campeón del atletismo olímpico en su versión 2000.
Lo presentan como el ganador, que es, de una segunda medalla de oro. En Atlanta 96 ganó la de la caminata de 50 kilómetros.
Lo presentan, en fin, como el pimer marchista que ha ganado las dos competencias olímpicas de caminata.
El se presenta, a su vez, como ferviente admirador del papa Juan Pablo II y agradece al Creador lo sucedido hoy. “Justicia divina”, dice.
Los azares del destino le han llevado a vivir una extraña coincidencia: en la final de los 20 kilómetros en Barcelona 92, Korzeniowski fue descalificado justo al entrar al estadio. Nadie marchaba a su lado. Era, de hecho, medalllista de plata. Dolorosamente eliminado, vio cómo esa presea iba directa al cuello de un competidor mexicano: Carlos Mercenario.
Ahora todo está de su lado, dice.
--¡No puedo creerlo!… En sólo un segundo pasé de ser medallista de plata a campeón olímpico. La victoria significa que mi preparación física y mental desde Barcelona 92 ha sido muy exitosa. Sufrí una descalificación similar a la de hoy y supe sobreponerme. ¡Esta medalla es la confirmación de mi talento!… -Lo dice con una sonrisa de neón recorriéndolo el rostro anguloso, y con un tono de voz festivo, ausente en él cualquier rasgo de vanidad…
--¿Qué lección le dejó Barcelona 92?
--Que la única regla es no tratar de ir más aprisa en los últimos metros, nunca tratar de dar alcancem a un adversario, porque puedes ser descalificado en los últimos 400 metros sin un aviso previo.
Korzeniowski ha omitido decir que en Barcelona 92 se establecieron dos récords: el suyo, de recibir ¡cinco amonestaciones!, y el de los jueces, de no descalificarlo en cuanto le aplicaron la tercera.
--¿Hará su tercer intento de convertiste en doble medallista en unos mismos Juegos Olímpicos?
Ni duda cabe:
--¡Por supuesto!… Antes de la prueba de hoy pensaba que sería muy difícil intentar repetir la medalla de oro que gané en Atlanta, pero ahora estoy seguro de que mi forma física es buena; ¡estoy en tan buenas condiciones para ganar los 50 kilómetros, que sólo el demonio de Tasmania podría vencerme¡
Pero, por ahora, dice entre risas, basta de entrenamientos y de Juegos Olímpicos.
--Voy a irme, a salir de la Villa Olímpica. Quiero ir a las playas toda una semana, quiero aires nuevos, nuevas motivaciones.
Esa será, sin duda, una de las más curiosas formas de prepararse para una competencia tan agotadora como la de los 50 kilómetros.


ME DABAN RISA…


Después de la catarata oral y tan entretenida de Korzeniowski, el turno es para el difícil discurso de Noe Hernández. ¡Quiere decir tantas cosas!… Pero no llegan las palabras, las ideas se atropellan. Quedan inconclusas las frases… Pero, sobre todo, lo que en él aflora es una extraordinaria sinceridad. Y también hace reir a quienes le escuchan. Le han preguntado -¿alguna vez habrá sido hecha esa pregunta en una conferencia como esta?- si alguna vez soñó con ser medallista olímpico en natación….
--¡Nómbre!… Si allá en mi pueblo -Poza Rica, Veracruz-, nomás nos reíamos de ver cómo se meneaban los marchistas… Me daban risa… Ahí iban, nomás, moviendo de un lado a otro las caderas.
Mezcla los temas en su declaración, y va desde el agradecimiento hasta la narración del gran sacrificio para llegar a Sydney -tengo un año fuera de casa; ya me muero por ver a mi familia”, y luego a la profundidad:
--¿Qué opina de lo sucedido aquí?
--Que es una injuusticia. Yo, la verdad, no debo ser medallista de plata. Soy ganador de la medalla de bronce, porque la de oro pertenece en realidad a Segura. El la ganó en la pista.
--Pero, en fin, ya es usted un ganador olímpico.
--Nunca pensé en ganar aquí. ¿Cómo, si soy un novato, y sabía que me iba a enfrentar a grandes señorones de la prueba? No es fácil vencer a los grandeds campeones, así que hoy me he demostrado a mí mismo que sí, que se vale soñar…
Y cuando ya finaliza la entrevista con la prensa internacional, en el propio estrado se produce otro desagradable batalla, grotesca batalla, en la guerra que sostienen las hijas de doña tele nacional. Los televisos tiran del brazo derecho derecho de Noe; los teleaztecos del izquierdo. Ambos demandan su inmediata presencia. Y comienza el forcejeo verbal entre ellos. “Que decida él mismo”, dice alguien. Y el pobre Noe los mira a los dos sin saber qué hacer ni qué decir, porque esos dos son los ex marchistas, ex medallista olímpicos Raúl González -ahora teleazteco- y Carlos Mercenario -ahora televiso-. A gritos discuten los productores de ambas empresas, hasta que uno sugiere: “Mira, vamos afuera, al palco, para que no nos peleemos”. Y el Charro González, veterano cronista de la radio, los incita, también a gritos y muy divertido: “No, no, mejor sí, peléense… Sí, peleen. A madrazos es la mejor manera de resolver estas diferencias”. Pienso que si hay golpes, el primero va a ser para el Charro. Pero no. No hay golpes. Y mientras en el palco siguen discutiendo los hombres de la tele, el Charro interpone micrófono y grabadora: “Señoras y señores, estamos en Sydney, en vivo, ante Noe Hernández…” Y comienza una entrevista radiofónica histórica, porque los hombres de la pantalla han enmudecido por la sorpresa.

Yo también soy juez

Se informa a la prensa internacional que, de acuerdo con el reglamento de la IAAF, el Comité Olímpico Mexicano ha presentado una protesta formal.
Ya reunidos están los máximos dirigentes de nuestro deporte con los tres miembros del Comité de Apelación -ninguno es de la misma nacionalidad de los atletas aquí involucrados- . El resultado de esa discusión, se dice aquí, será ofrecido en una hora.
Y esa hora coincide justo con la hora en la que ha sido programada la premiación a los marchistas.
Mario Vázquez Raña, quien sería el encargado de entregar las preseas, desiste de hacerlo. Está furioso. En privado discute con el moreno Lamine Diack, presidente de la IAAF. Allá, en uno de los cuartos al fondo del largo pasillo, se pelea con énfasis el destino de una medalla de oro.
Repentinamente se presenta Adrián Navarro, entrenador de Bernardo, pero no puede ingresar al salón de discusiones. Su acreditación, que marca tantas fronteras a quien la porta, no le permite esas atribuciones.
Admite su tristeza:
--…¿O no?… Porque ya eres campeón, ya festejaste, ya te entrevistaron, ya hablaste con el presidente de tu país, y que después te digan que estás descalificado… Aunque todavía no es seguro, porque me dicen que están liberando los jueces, y que una parte de ellos están a favor de Bernardo, por lo tardío de su descalificación. Y, pues… Todavía hay un hilito, una vela prendida.
--¿Y no le parece absurdo, Adrián, que en estas modernas épocas de la cibernética y la comunicación instantánea, un jurado se tarde más de media hora en dar a conocer una descalificación?
--Claro que sí. Es demasiado tiempo. Yo también soy juez internacional y siempre que estamos en una competencia así, de tal envergadura, tratamos de comunicarle inmediatamente al competidor su descalificación, para que no suceda esto, exactamente. Porque sabemos del dolor, la tristeza, todo lo que siente un competidor al saberse descalificado. Ellos tenían medios electrónicos para comunicar las tarjetas, porque vi en el pizarrón que el que ponía las tarjetas traía un micrófono y las estaba comunicando por radio o por teléfono. No pudieron, no debieron haberse tardado tanto tiempo en decirle a Bernardo que estaba descalificado.
--Sea usted juez de sus propios jueces, por favor…
--Definitivamente, se trata de una falta de comunicación efectiva o rápida. De una gran incompetencia, señor.
Ya en el centro de la cancha ha sido instalado el podio.
Ya está casi lista la primera ceremonia de premiación de atletismo en este Sydney 2000.

¿Y Noe?…


Faltan 10 minutos para las siete, la hora marcada.
Por el largo pasillo de verdado acceso para la prensa, camina primero el ruso Vladimir Andreyev.
Instantes después aparece el polaco Korzeniowski
Especulan ingenuamente algunos reporteros mexicanos:
-¿Será que ya les van a comunicar que la medalla ha sido devuelta a Segura?
Perdónalos, Señor…
Pero, ¿y Noe?
Con desesperación repite Felipe Muñoz esa misma pregunta. Como no hay respuesta, es él quien escucha preguntas mil. “¡Busca a Noe inmediatamente!”, ordena a uno de sus subalternos antes de charlar con los periodistas.
Explica:
--No apelamos por las amonestaciones, por la descalificación. Nos mostraron el documento en el que se señala que Daniel fue amonestado a la 1.51 de la tarde, a la 1.59 y a las 2.05 -Daniel cruzó la meta a las 2.09. Y mientras el Tibio habla recordamos las palabras de Korzeniowski: “no tratar de rebasar a un contrario en la parte final de la competencia, porque serás descalificado”-. Respetamos el reglamento. Pero ese mismo reglamento dice que debe ser inmediata la comunicación a un competidor de que ha sido descalificado, y eso, claramente, no sucedió aquí.
Lo demás, dice el Tibio, es cuestión de semántica.
--Ellos se defienden argumentando que el reglamento no específica, en lo que a tiempo se refiere, la palabra “inmediata”… ¡Por favor!, les hemos dicho… La inmediatez no puede ser medida. Es eso solamente: la inmediatez…Pretendemos que esa falta de inmediatez anule el castigo. Es que no es posible: su error afectó no solamente a los Juegos, sino a un pueblo entero, al mexicano, que ya festejaba la conquista de esa medalla.
-¿Y?…
-Será muy difícil. Son ya tres horas de discusión, tres veces hemos apelado, y tres nuevas discusiones han surgido. Pero vamos a seguir peleando...
--Pero ya se aprestan a realizar la ceremonia de premiación.
--Eso no importa. No sería la primera vez en que en unos Juegos Olímpicos las autoridades enmienden un error y pidan a un atleta que devuelva su medalla.
Después apunta:
--Lo importante aquí, mira, es saber que los muchachos tuvieron una excelente preparación. En el trayecto final, entre el grupo de punteros figuraban tres mexicanos. Dos de ellos llegaron a la meta entre los tres primeros. Con descalificación o sin descalificación. Y eso es lo relevante…
De repente reacciona el Tibio:
¿Y Noe? ¿Dónde está Noe?
Nadie lo sabe. Lo cierto es que, de hecho, lo tiene secuestrado Televisa. La entrevista exclusiva, ya usted sabe… El tiempo olímpico puede esperar..


Ya no hay vuelta de hoja


Ha visto correr a Ana Guevara. Ahora presencia, con cierta expresión de melancolía, la ceremonia de premiación de los 20 kilómetros -¿de qué ríen quienes premian, después del escándalo que pesa sobre los hombros de la IAAF?-. Ahora comenta Ivar Sisniega:
--La forma, no el fondo, es lo que no estuvo bien, y eso se discutió sobre la base del propio reglamento de la IAAF que lo marca, pero tan les costó trabajo tomar una decisión, que fueron más de tres horas de definiciones. Insistimos a sabiendas de que se trataba de una protesta muy difícil de ganar.
--Estás hablando en pasado… ¿Quiere decir que ya se resolvió esto?
--Ya -responde el presidente de la Conade sin el menor gesto de dramatismo-. Ya no hay vuelta de hoja.
--¿Durante esas discusiones se habló de lo que para la IAAF representa el hecho de que casi 3.5 billones de personas que ven estos Juegos por la televisión, y que todo un país haya celerado la conquista de una medalla de oro para que, posteriormente, un grupo de jueces decida que todo eso ha sido falso?
--Sí. Inclusive Mario Vázquez Raña estuvo un rato muy largo con el presidente de la IAAF, y se reconoció que lo sucedido aquí es algo muy grave para la propia IAAF y, lógicamente, para los países afectados. Pero, ya lo sabes, eso es lo discutible de la caminata. Aquí lo desafortunado fue la manera con que se dio. Permitieron a todo un pueblo festejar, le dieron una gtran alegría para después quitársela… Pero hay una algo que no me gustaría que perdiera su auténtica relevancia…
--¿Qué es, Ivar?
--Que todo lo sucedido no nos lleve a menospreciar lo relevante de la medalla ganada por Noe, quien ganó a pesar de su juventud, de su inexperiencia. Eso hay que celebrarlo. Es una medalla de plata con un sabor un poco amargo, pero una medalla de plata ganada a toda ley…
Justo cuando los dos mexicanos del grupo final comenzaron a rezagarse -cuarto y quinto, quinto y sexto, sexto y séptimo, séptimo y octavo--, Bernardo se acercó a Noe. Conversaron rápidamente. Noe asintió con un movimiento de cabeza. Y comenzó la cacería. De flaqueza sacaron fuerza y comenzaron a escalar nuevamente. Cuando a la vista se encontraba ya la majestuosidad del estadio -dicen que en este tramo se produjeron las tres amonestaciones para Bernardo-, y en punta ya quedaba solamente Korzeniowski, Noe se fue detrás suyo hasta rebasarlo y contenerlo un poco. Cuando lo logró, Segura avanzó por fuera y se lanzó a la meta en primer lugar. Se sacrificó, pues.
Lo admitiría el propio veracruzano:
--Yo iba por la de bronce. El plan era que Bernardo ganara el oro…
Así de fácil. Así de naturalmente doloroso es el sacrificio del que viene. Luchar tiene por el que ya se va..
Otra vez lo voz de Ivar, cuando ya muere esta tarde del escándalo y saluda a la noche del escándalo:
--La IAAF tiene muy claro que se equivocaron en cuanto a la imagen que dan al mundo por manejar la caminata de esta manera, y que tienen que pensarlo muy en serio para que no vuelvan a pasar cosas tan penosas, tan lamentables… Cosas que tienen cierto aire de crueldad hacia el deportista.
- - -
Imágenes…
Imágenes finales en la noche del largo día del escándalo:
Bernardo Segura, cariacontecido:
--¿En cuatro años?… No lo sé. No sé si todavía tenga capacidad, fuerza… No sé si todavía tenga el deseo de seguir en esto.
Ivar Sisniega, cariacontecido:
--A ver ahora cómo levantamos el ánimo de la delegación.

ACCION DE FONDO
Sydney.- En la parte media del podio olímpico, Noe Hernández eleva su medalla de plata a la altura de los ojos y la mira fijamente.
¿Es que quiere que la memoria fotográfica de su mente registre cada detalle de ella?
Porque no sería extraño que la estupidez de la IAAF decidiera, algún año de estos, que no le pertenece porque fue descalificado…


Fallaron en los servicios

En Bondi, la antítesis de playa

La dupla mexicana en volibol de playa cayó en su primer encuentro, 15-11, ante las anfitrionas Natalie Cook y Kerri Pottharst

Pedro Díaz G. /Enviado

Sydney.-- El frío, pero sobre todo el viento helado, obliga a manos en las bolsas, chamarra, tiriteos. No les preocupa, a los australianos, y tanto lo disfrutan, que de todas partes se trasladan vía tren suburbano, auto o camión a esta especie de Venice Beach californiana.
Es duro el gesto de Tere Galindo cuando va por la pelota y no la alcanza.
Se asolean, porque, brilla el astro rey y es cierto, quema. Pero qué puedes hacer: extraño para ellos es mirarte temblar por este clima. Convertibles de lujo cruzan por decenas estas calles que superan lo común, lo ordinario de otros barrios.
Hilda Gaxiola se molesta, grita. Corrige. “Vamos, sí podemos”, no son tan superiores estas australianas.
La fotografía de un hombre de cabello largo y crespo es observada con atención por los paseantes: les pegaba a su esposa y a su hija. Las dejó muy mal y están hospitalizadas. Y los recursos con que cuentan son tan pocos, que la idea es cooperar con todo lo que se pueda. Si quiere, una moneda es suficiente. Si no, una pluma, o papel, o inclusive apenas el saber que nunca a nadie le vuelva a suceder esta tragedia.
Van arriba –3-2, las mexicanas. Enmudece la tribuna. Será apenas un instante. Sus rivales, en casa, poseen mayor velocidad, no se muestran tan erráticas. Nada mal se presentan quienes han jugado juntas apenas un año y ocho meses. Nada mal, disfrutan de estas horas.
En Bondi Beach se disputa, aunque no quieran, el volibol olímpico de playa.

* * * * *

Estoy feliz porque hicimos nuestro mejor esfuerzo. Se perdió, es cierto. Pero agradezco a Dios el que me haya permitido estar en estas condiciones. Fallamos y sabemos qué fue: nuestro servicio. Me gustó saber que estamos fuertes, que llegó el día y lo pudimos resolver. Tanto tiempo me lo estuve imaginando y no, no estuvo tan terrible. Por las noches pensaba, yo solita en mi cuarto, qué nos esperaría: imaginé un público agresivo gritando todo el tiempo, sin darnos un descanso: hoscos, acaso hasta insultantes. Pensé que el peso de jugar con ellas, en Australia, influiría más y no fue cierto. Si me ves, estoy satisfecha, pero sé que puedo, podemos dar más aún. Ya liberamos ahora la tensión y eso es lo que de aquí podemos rescatar. Siemore he sido, y se lo digo a Hilda, luchona. Tenaz. Inquebrantable. Muy nerviosa te pones cuando juegas, pero aquí, tras el primer saque, sentí que algo bueno podíamos hacer. Si te fijaste, si seguiste con precisión el partido, iniciamos muy fuerte. En el séptimo punto fue sin duda lo mejor. No permitíamos que entrar a su ritmo, pero para el 8-6 a su favor, el árbitro tuvo una decisión importante en nuestra contra: marcó red, y hasta Hilda le reclamó. Lo importante es que nos sentimos sin tanta presión. Y ahora, vamos, contra todo lo previsto ante las chinas, que son tercer lugar en el mundo. Pero eso nos nos espanta: todo puede suceder. Se suponía que Portugal iba a perder, y ya ves...

* * * *
No son agresivos, los aficionados. Más lo es quizás el apoyo del público mexicano que no deja de gritar, de carcajearse, de insultar (uuulero... ulerooo, uleeero) al árbitro y que le pide a sus atletas un triunfo, cuando menos.
Lo merece esta pareja que ha trabajado poco más de un año y medio y que esta tarde llama gratamente la atención:
--Estas son las buenas –dijo alguien hace poco a Ivar Sisniega--. Es a ellas a quien debes, sin duda, apoyar.
Este martes, en apenas unas horas, deberán ajustar lo necesario para poder continuar en el torneo y regresar a Bondi Beach, este sitio en donde el lujo, hombres que maltratan, bañadores tendidos al sol, pequeñitos con la faz pintada de verde frente al mar, conviven, misteriosamente, con tanto visitante que enmudece por el frío y, qué ironía, no deja de temblar.

Monday, May 29, 2006


Donde no se permiten los corruptos; que los hay...

El modelo australiano es ejemplo en el Fondo Monetario Internacional. Se utiliza la "Carta Australiana de Honradez Presupuestaria" para ilustrar la promoción en la transparencia fiscal; entre otras cosas muchas cosas, exitosas. Sorprendentes...

Pedro Díaz G. /Enviado

Sydney.-- Corruptos, ventajosos, los hay en cualquier parte. Aquí mismo puede quedar un problema que se definiría, de seguirlo así, en la corte. Los enviados de un periódico mexicano han debido dividir sus rutas de información, sus tiempos, y desviar horas de investigación, de escritura, de tecleo, porque les alquilaron, desde allá, una maravillosa suite a "40 minutos de Sydney". Cierto, es un lugar paradisiaco: pero es un club de yates a tres horas de aquí.

--Tomen un taxi --les sugirieron sua administradores, desde México. Y, tras investigar: 220 dólares la llevada, nada más de ida. ¿Quién los paga?

Han tratado de solucionarlo, infructuoamente; pero el dueño del hostal, el hostelero, es un gandalla. Varias reuniones han tenido: y su remate, "pues yo no les vendí una distancia relativa; les ofrecí un lugar para vivir". Obviamente, sería una locura quedarse por allá. Así que no lo ocupan. Y pagado está. ¿Cómo se les devolverá el dinero?, nadie lo sabe. "Vamonos a corte"; dijo el individuo. Pero... ¿Quién pagaría los meses por venir?

Sirva esta historia, exepción que confirma toda regla, como inicio de este texto. No todos, por fortuna, son así. Ejemplo a nivel internacional, en muchos rubros, trata el australiano medio de no sumirse en corrupción, en situaciones ventajosas.

Pero, ¿qué hace una nación para ser próspera?

Hagamos un resumen:

El país cuenta con un amplio sistema de medidas de política económica. Se han realizado serias reformas políticas para asegurar que la economía sea competitiva a nivel internacional, y que continue siendo un destino atractivo para las inversiones. La sólida, estable y competitiva estructura institucional de Australia ofrece seguridad a las decisiones empresariales que mantienen un crecimiento sostenido. Entre otras cosas, cuenta con una saludable posición presupuestaria, con superávit económico; un sistema de legislación bancaria y en materia de seguros; sistemas de legislación empresarial e insolvencia fuertes y orientados al mundo de la empresa; una competitividad importante en áreas clave como las telecomunicaciones, la electricidad y el gas; una economía muy abierta, con barreras al comercio y a las inversiones muy bajas; un mercado laboral y un sistema fiscal plenamente reformados.

La mano de obra australiana ha mejorado notablemente a lo largo de la última década, alcanzando un aumento de la productividad en los años noventa. El complejo y centralizado sistema de relaciones laborales, basado (muy importante) en incentivos, ha dado paso a un sistema más descentralizado en el que muchos trabajadores laboran en el marco de sistemas de trabajo concertados para satisfacer las necesidades de las empresas. Y de sus empleados, sobre todo.

¿Pero, acaso es todo lo necesario para que un país tan lejano de todo (el que cabe en un solo continente), tenga tanto éxito?

Más:

La base exportadora australiana se ha diversificado durante los últimos 15 años, en gran medida gracias a las nuevas oportunidades empresariales internacionales y a la mayor competitividad de las empresas australianas, que ha sido posible gracias a unos aranceles más bajos y a las reformas microeconómicas. Las exportaciones de manufacturas (28.000 millones de dólares) y de servicios (25.000 millones) ahora superan las exportaciones de minerales y productos agropecuarios (25.000 y 23.000 millones de dólares, respectivamente).

Además y esto suena a fantasía: Australia es el mayor país accionista per cápita del mundo. ¡Casi el 54% de la población adulta posee acciones de empresas que cotizan públicamente!

El gobierno está reformando el sistema fiscal australiano. A partir del 1 de julio de 2000 se introdujo el Impuesto sobre Bienes y Servicios (GST) y otras muchas reformas sobre la fiscalidad empresarial.

El GST, un impuesto sobre el valor añadido; sustituirá a los ineficaces impuestos indirectos, entre los que se incluye uno sobre las ventas al mayoreo, que representaba afectar a fabricantes y los exportadores. El impuesto GST del 10% se aplica a casi todos los bienes y servicios.

Y todas estas medidas han sido legisladas.

Debido a su posición geográfica y a la orientación de su comercio y sus intereses estratégicos, hacia la región de Asia-Pacífico, Australia ha sido, durante mucho tiempo, el centro de atención de su política exterior. Pero como país con una economía próspera y diversa, una sociedad tecnológicamente avanzada y una larga tradición de sólido compromiso para con los valores democráticos liberales, también tiene sus miras puestas más allá de la región para desempeñar un papel activo en la elaboración de soluciones a los problemas sociales, económicos y estratégicos mundiales.

En agosto de 1997, por primera vez en su historia, el gobierno tomó la decisión de especificar de un modo explícito los principios y prioridades de su política internacional en la Ley sobre Política y Comercio Exterior. La ley contempla las principales oportunidades y desafíos a los que se enfrentarán en sus relaciones internacionales, en los próximos 15 años.

La globalización y el auge político y económico de Asia Oriental constituyen las dos corrientes principales en el entorno internacional e influyen en el desarrollo de la política exterior y comercial de este país. A fin de poder reaccionar de un modo positivo ante estos dos elementos, el marco de su política exterior combina elementos de continuidad y cambio, que incluyen: la reafirmación de la región Asia-Pacífico como la principal prioridad en materia de política exterior y comercial; el desarrollo de los intereses australianos en otras regiones, de acuerdo con el papel internacional de Australia; el reconocimiento de que los medios principales para la promoción de los intereses nacionales de Australia residen en el desarrollo de lazos bilaterales con otros países; la selectividad en la búsqueda de la diplomacia multilateral, poniendo el mayor énfasis en los asuntos que están más relacionados con sus intereses nacionales; la búsqueda activa de intereses comerciales a nivel bilateral, regional y mulilateral, con especial énfasis en la promoción del comercio y en la liberalización de las inversiones en foros como la Organización Mundial del Comercio.

Se ha convertido, la australiana, en una sociedad tolerante y multicultural. Esto se refleja en el absoluto rechazo que tienen sus habitantes a la discriminación racial y a su compromiso y decidida búsqueda de los Derechos Humanos. Australia participa en las Naciones Unidas y en otros foros internacionales relacionados con en el papel y el progreso de la mujer, los niños y los pueblos indígenas. De forma más amplia, desempeña un papel activo en la diplomacia multilateral y ha sido siempre un decidido partidario de la Carta de las Naciones Unidas y la labor de los diversos organismos de las Naciones Unidas.

Lucha también en los esfuerzos internacionales para solucionar los problemas medioambientales, en la región, y a nivel internacional. Se aboga por la adopción de iniciativas flexibles, imaginativas y eficaces, destinadas a solucionar estos problemas, reconociendo la necesidad de acciones internacionales coordinadas equitativas y viables. Por estas razones, por ejemplo, el gobierno australiano está a favor de niveles diferenciados de emisión de gases causantes del efecto invernadero.

Australia ha respaldado el desarrollo de planes internacionales destinados a impedir la proliferación de misiles y armas nucleares, químicas y biológicas, así como la prohibición de pruebas nucleares. Ha respaldado la elaboración de medidas internacionales destinadas a la prohibición del uso y el comercio de minas antipersonales, y medidas para remediar estos desastres humanitarios: ha ratificado el Tratado de Ottawa sobre la prohibición del uso, almacenaje, producción y traspaso de este tipo de minas. Por otra parte, las fuerzas armadas australianas ya han destruido sus existencias de sus propias minas, cuatro años, aun, antes de lo previsto.

¿Y por qué no repartir?

Su programa de cooperación internacional ayuda a los países en vías de desarrollo a reducir su pobreza y a conseguir un desarrollo sostenible. Se centra en la región Asia-Pacífico, en especial en Papua Nueva Guinea, el Pacífico y la zonas más pobres del Este asiático. Australia también contribuye de forma selectiva a las necesidades de desarrollo del Sur de Asia, África y Oriente Medio.

Los sectores de mayor prioridad en el programa de cooperación son la administración, la sanidad, la educación, la agricultura, el desarrollo rural y las infraestructuras.

En los países en vías de desarrollo de la región de Australia viven más de mil millones de personas. Algunos de ellos tienen las peores tasas de analfabetismo y de mortalidad infantil del mundo. Muchos son vulnerables a los desastres naturales. Entre los asuntos clave que han afectado a Australia durante los últimos años están la crisis financiera asiática, Timor Oriental y la paz y el proceso de reconstrucción en Bougainville. Las intervenciones australianas destinadas a reducir la pobreza están adaptadas a las situaciones específicas que existen en la región.

El programa de cooperación de Australia ha conseguido numerosos logros.

En Papua Nueva Guinea, el programa de cooperación ha desempeñado un papel determinante en la erradicación de la poliomielitis y el tétanos neonatal mediante los programas de inmunización.

Otra de las principales áreas de prioridad ha sido Timor Oriental, donde el gobierno australiano ha apoyado de un modo decidido al pueblo timorense proporcionándoles refugios básicos, comida y agua, como parte del mayor programa de ayuda humanitaria de urgencia que ha llevado a cabo Australia hasta la fecha.

Australia está decidida a mantener su nivel de cooperación al más alto nivel, de acuerdo con las necesidades de los países socios y sus propias circunstancias económicas y su capacidad de ayuda.

El gobierno australiano patrocina cada año, a través de las Becas Australianas para el Desarrollo, el estudio de personas provenientes de países en vías de desarrollo, a través de las Becas Australianas para el Desarrollo Regional. Tras la finalización de sus estudios, los alumnos vuelven a sus países y hacen uso de esos conocimientos y experiencias para ayudar a mejorar las condiciones del sitio en que nacieron.

En fin, el Fondo Monetario Internacional utiliza la "Carta Australiana de Honradez Presupuestaria" como modelo internacional para la promoción de la transparencia fiscal. Otras naciones deberían hacerlo. Y así se evitarían corruptos, que los hay.

--Háganle como quieran --les dijo este australiano, dueño de un bello sitio junto al mar, a tres horas de aquí, a un par de reporteros (hombre y mujer, para más datos) mexicanos.

Gandallas, infelices, pocas pulgas, no faltan en la historia de un país que, casi, es ejemplo de crecimiento y honradez.

Los instantes se multiplican, se van...

Algo en el ambiente se percibe: son las horas finales. Compras de pánico --pertenencias dentro de un costal---, en las tiendas oficiales; escenarios llenos, infinidad de niños saltando lindos, atrevidos juegos de agua; flores que caminan balanceando a los pequeños. Cierta euforia en el adiós...

Pedro Díaz G. / Enviado

Sydney.-- La vida se va llenando de instantes que se van, que desvanecen. El plan de evacuación, en la villa de prensa, está en camino: deje, por favor, número de vuelo, número de cuarto, y su llave en la oficina, desde ya, y un ejército de voluntarios ayudarán a su partida de este espacio en el que han sobrevivido casi un mes, más de seis mil comunicadores. Seis mil.

Tendremos autobuses en recorridos constantes al aeropuerto. Minivans irán por su equipaje hasta su cuarto. Ah, y, por favor, no se robe las cosas que hay en las habitaciones: Las requeriremos, todavía, para los periodistas que cubrirán los Juegos Paraolímpicos.

--Pues qué gachos –se lee, entre muchos otros reclamos, en los comunicados que pegaron en cada uno de los edificios.

Es hora. Miles de personas se disponen a abandonar Sydney y acuden corriendo a todos los escenarios deportivos en donde, estratégicamente colocadas, existen tienditas, tiendas y tiendotas olimpicas, superstores, para que no se vaya con las manos vacías. Pero antes de entrar guarde todas sus pertenencias –“salvo su cartera, ejem, por favor”--, en estas bolsa de lona o de plástico que con mucho gusto (y total desconfianza) le sellará el policía de la entrada. Y las colas son inmensas...

Sólo aceptamos visa. Y efectivo, por supuesto.

Se percibe en el ambiente cierto aire de nostalgia, cierta euforia colectiva. El espíritu olímpico se impregna en la mirada de los niños, que disfrutan de estos juegos como pocos suelen hacerlo: bañándose en las innumerables fuentes, perfectas estructuras de arquitectos soñadores y se mecen entre juegos de agua, lindos, atrevidos, que mantienen al visitante en constantes y recurrentes embelesos.

La vida se va llenando de instantes sublimes, atroces, exquisitos. Ridiculos, innombrables, hipertiernos.

Instantes. Como el hacer una gran bola de gente en las calles principales de la ciudad-- cuya belleza, real, se circunscribe al down town de altísimo edificios cara al mar-- para mirar con asombro a qué dedican su tiempo los gozosos huéspedes, fugaces, momentáneos: este chavo se dedica a bailar frente a una máquina, en un centro de juegos de video. Acaso pensaron los japoneses --inventores de esta clase de artefactos-- que el pasmo con el que los adolescentes se entregan a los monitores de televisión era ignominioso, por su pasividad. Entonces:

podrás echar unas monedas y ponerte a bailar, hasta que aprendas. Que para ello están las máquinas de música y tableros de luces coloridas que se encienden en el piso. Otro de estos raros videojuegos te transporta a un escenario, con imaginarios fanáticos a tu alrededor: toma tu guitarra eléctrica, y dime, muéstrame como tocarías en un concierto. Y hay hasta quien se apasiona y, en contorsiones, se siente, cuando menos, Saúl Hernández, de Jaguares.

Intantes: ir en los brazos de mamá, con los ojos bien abiertos y un rosa moño sobre la cabeza, a tus seis meses. Oteando sobre el hombro, preguntándose, acaso, qué sucede, por qué habrá tanta gente.

Inatantes: cambiar un pin por un beso, a las afueras del Convention Center. Y escuchar, de pronto, la sorprendente música legada por los aborígenes, y que surge de didgeridoos, que también se van de viaje. Es ritmo ancestral para el espíritu. El instrumento, que toca el hombre sentado en la calle, produce sonidos que de verdad son un elixir auditivo. Fascinante. Emotivo. Seductor. Pero tiene sus secretos. Como, por ejemplo, que la mujer no debe tocarlo, ni con la yema de los dedos cuestión de la cultura. Y tú, como hombre, en las tiendas de productos aborígenes --que, además, pululan por doquier--, puedes hacer el intento. No hay problema. Debes empujar el aire e inflar cachetes; es difícil, pero cuando lo logras, uff, qué maravilla.
Instantes. Como tomarse una foto con los altos edificos a tu espalda y esa sonrisa franca que a veces enloquece. Esperar, con ansiedad, la fiesta que ha prometido don gobierno, con luces, fuegos que pintarán la noche con sus juegos pirotécnicos sobre Darling Harbour, George Street, Circular Quay...

Instantes. Chapotear entre la gente con los pies metidos en el agua de la fuente. Mamá, quiero un hotdog, y un refresco, y un helado, porque, caramba, qué calorcito el que hace hoy, bajo los aros olímpicos y las banderas, entre tanto bendito y reparador burbujeo.

Instantes. Tocar el saxofón en Central Station, base del no siempre subterráneo tren, que llega a este punto que es un infinito hormigueo, de traslados agitados: no son 24, sino 25 las líneas que convergen aquí y que parten a todos los suburbios.

Instantes. Que te dé el paso un joven rubio, en el vagón. Y luego te cuente que él también es mexicano, Pedro Wolff --no lo parece--, que llegó a Sydney hace un mes. Que trabajó dos años para llegar aquí, y que cuando pidió un permiso en su trabajo le dijeron no, y contestó: entonces hasta luego. Que se quedará, muchos, muchos instantes, pues su programa es recorrer todo Australia, hasta febrero.

Instantes. ¿Y por qué hay tantos niños en carreolas, de la mano de sus padres. Brincando y grite y grite? Ah, porque Darling Harbour, la bahía --el escenario más concurrido en estos Juegos--, tiene planeado un fin de semana famliar: cero bebidas alcohólicas, cero, en la medida que se pueda, te dejarán fumar. Es una práctica, te explica una edecán --que también ofrece un pin y un beso-- que tomamos cuando cerramos cada celebración. Y esta es la mayor. Es como la enseñanza que dejamos a los niños, con espectáculos, un festival y estallidos de luces de colores.

Instantes. Ver a un pequeñito, uno más, cruzar la acera en patineta; a estas dos bailar por unas monedas en Lidcombe Station, en Strathfield...

Instantes: estas flores gigantescas caminan con zancos e impresionan y te balancean, chamaca, para que te vayas pensando en qué recuerdos.

Instantes. De plácida calma cuando hay la posibilidad de un respiro, frente a la pasividad tranquila de un canguro, a la hora de comer.

Instantes. Emociones, medallas, himnos, frustraciones; que quedan grabados en la cámara, ahora digital, que se guardan en la mente y que nunca, nunca, nunca, jamás olvidarás.



¿Los reyes del universo?... No

Pedro Díaz G. /Enviado

Sydney.-- Se autoproclaman reyes deefimydl universo, se vanaglorian de tener atletas superiores --como Jesse Owens y Carl Lewis, cuatro medallas de oro respectivamente en 1936 y 1984, en un Berlín que olía a guerra por culpa de Hitler, y en Los Angeles, ciudad disfrazada y maquillada por Hollywood.

Ahora, una diosa color sepia nacida en California, de madre beliceña, con piernas que asemejan alas y unas siglas idénticas al mejor basquetbolista: M.J. lo intentó.

Pero no.

Marion Jones no saldrá con sus oros prometidos.

Ella, que brillara en el quinteto de North Carolina, como armadora, ganando el campeonato nacional en 1994, amasando un promedio de 18.1 puntos, colgó los tenis tras graduarse de periodista, centrando entonces todos sus esfuerzos en las pistas, dándole nuevamente a la velocidad esa emoción ausente desde Florence Griffith Joyner y su dominio de los 100 y 200 metros en Seúl '88.

Marion Jones, hija de una emigrante que llegó a tierras californianas procedente de Belice, en búsqueda de ganar la guerra a la pobreza, titenía esa ilusión de vencer en cinco pruebas, un hito que tan sólo fuera logrado por el finlandés Paavo Nurmi, en el certamen olímpico de París, en 1924, aunque tres de sus modalidades no se efectúan actualmente: los tres kilómetros por equipo, y los campos traviesa en su forma individual y colectiva.

Nurmi, medallista en 12 ocasiones, con nueve primeros lugares y tres segundos, dominó los 1,500 y 5,000, estableciendo plusmarcas en ambos, pero no se le permitió defender la corona de los 10,000 ganada en Amberes, en 1920, por las autoridades finlandesas, debido a su cuantiosa participación, aunque se afirma que, por su cuenta, hizoesa carrera a la misma hora que la oficial y cronometró un mejor tiempo que el vencedor, su compatriota, Ville Ritola: 30:23.20.

En esta ocasión, Jones, que mide 5-11, pesa 162 libras y posee muslos de roca, aspiraba a cinco medallas doradas.

No pudo ser.

Bahamas lo logra, cuando, en el segundo relevo, el equipo estadounidense se retrasa.

Al equipo estadounidense espera el bronce, apenas, en una prueba ganada por el cuarteto de Bahamas, mientras que la plata fue para Jamaica.

Marion Jones, en el último relevo, no pudo recuperar el retraso acumulado en las tres anteriores postas, depués de dos errores en el paso del testigo entre las estadounidenses, sobre todo el segundo, que realizaron Torri Edwards y Nanceen Perry. Cuando Perry tomó el relevo el conjunto bahameño ya se encontraba en la primera plaza.

Jones, la mujer más rápida del mundo, nada pudo hacer.

Debbie Ferguson, de Bahamas, y la veterana de 40 años, Merlene Ottey, que participaba en sus últimos Juegos Olímpicos, junto con Chandra Sturrup y Sevatheda Fynes, lograron, al final, superarla apenas. Arremetía Marion Jones, aceleraba, pero no.

--Fue un desastre –aceptó Chryste Gaines, quien corrió el primer tramo. Cuando se cometen errores, ya no hay posibilidad de recuperarse.

Bahamas, que marcó 41.95, estaba compuesto de Fynes, Sturrup, Pauline Davis-Thompson y Debbie Ferguson; Jamaica, quienes terminaron en segundo sitio, con un registro de 42.13 se alinearon Tayna Lawrence, Veronica Campbell, Beverly McDonald y Merlene Ottey. El cuarteto estadounidense terminó en 42.20.

En 1996, en Atlanta, las estadounidenses habían logrado el título olímpico, delante de Bahamas y Jamaica, las mismas protagonistas que en Sydney, pero en distinto orden.

Así que Marion Jones no cumple sus propias expectativas. Y ella misma se reclama. Regresa a casa con sólo tres de las cinco medallas de oro que esperaba.

--La gente se equivoca al compararme con Jackie Joyner y con la alemana Heike Dreschler.

"Se olvidan de que yo intenté ganar en tres pruebas distintas. Nunca seré como ellas y nunca tendré una técnica tan buena como la suya, simplemente porque yo soy diferente”.

--Antes de corer esta prueba, Jones ya había perdido el oro en el salto largo y, como en la prueba de relevos, debió conformarse únicamente con bronce. Sin embargo en los relevos cortos de 4x400 sí alcanzó el oro como tenía previsto, cuando ella y sus demás compañeras cruzaron primero la meta pulverizando al resto de sus rivales.

La nota es: Estados Unidos, con Marion Jones en el tercer cambio, conservó el título logrado en Atlanta en la prueba 4x400 metros. El registro: 3:22.62. Se sacude en loas este estadio que hoy festeja con cervezas, porque Jamaica logra la medalla de plata (3:23.25) y Rusia la de bronce (3:23.46), con la campeona olímpica de 400 metros vallas, Irina Privalova, en el último relevo.

Marion Jones tiene tres de oro.

De cinco que prometió.

Pero falló en salto alto, bronce apenas, unas horas antes.

El dimio fue claro, por parte de los estadounidenses: en relevos, tres oros y un bronce

Aunque no gana cinco medallas doradas, Marion Jones impacta. Se le nombra la reina de los Juegos.

Estados Unidos dominó por completo la jornada final del atletismo de pista, con dos medallas más para Marion Jones, incluida una de oro, y contundentes triunfos en los relevos varonil.

No cinco de oro, cinco simplemente.

Jones, en el 4 x 100, tuvo que hacer un trabajo inaudito: por el par de errores de sus compañeras, aceleró para remontar de un sexto a un tercer sitio.

Las Golden Girls de Bahamas recorrieron la pista en 41 segundos y 95 centésimas, para lograr el título que se les escapó en Atlanta 96, cuando perdieron ante las estadunidenses. Merlene Ottey y las jamaiquinas registraron 42.13, y el equipo encabezado por Jones llegó a la meta en 42.20, con lo que falló en su intento por revalidar el título que obtuvieron hace cuatro años como locales.

Se marcha, Marion Jones –esposo acusado--, de las pruebas en Sydney. Y alfo l molesta, más que el hostigamiento que sufre la familia: la comparación.

“La gente se equivoca al compararme con Jackie Joyner o con la alemana Heike Dreschler. "Se olvidan de que yo intenté ganar en tres pruebas distintas. Nunca seré como ellas y nunca tendré una técnica tan buena como la suya, simplemente porque yo soy diferente. Yo soy yo”.



Circular Quay, inicio, punto de partida

Monarcas y asesinos; barcos, lores, siervos y bahías. Victoria, Napoléon, Jorge III; nubes blancas...

En el mundo sólo quedarán 5 reyes: los de las cartas y el de Inglaterra

(Rey Faruk de Egipto al ser destronado en 1952)

Pedro Díaz G. /Enviado

Sydney.— La crónica de Sydney y su historia. Su presente y su pasado. Sus detalles: se recomienda llevar ropa ligera y calzado cómodo; prendas de abrigo para las noches frescas. Será importante también tomar las precauciones necesarias para protegerse del sol.
¿Y entonces?

Hace calor. Las nubes, altas, blanquísimas, se escarpan imposibles envueltas en este cielo que a la tarde colorea en espléndidos naranjas anunciando: la oscuridad ya llega.

Sydney, capital de Nueva Gales del Sur.

Se ven lejanas sus estrellas. Unas cuantas.

* * *

El 26 de enero de 1788 el capitán británico Arturth Phillipe y mil 30 condenados a prisión, llegaron a Sydney Cove. Crepúsculos más tarde, proclamaron a esta tierra nueva colonia del reino de Inglaterra. La nombraron New South Wales. Cinco años después arribaron los primeros colonos, y, en 1810, su primer gobernador: Lachlan Macquarie.

Nuevas colonias fueron fundadas, incluyendo Sydney. Llamada así por Lord Thomas Townshend Sydney.

Juegan con un freezby, entre la gente, triangulándose los pases, unos jóvenes aussees, cuyo disco volador planea en intermitentes luces de colores. Caminan con prisa los turistas, en el afán de apoderarse cada trozo de belleza en esta ciudad olímpica.

Thomas Towshend, barón Sydney de Chiselhurst.

Uno de los más honorables lores de la Reina Victoria, Thomas Thowshend fue secretario de estado, presidente de la comisión para el control de asuntos en el Este de la India, comisionado de comercio y gobernador de la Casa de Estatutos. Fue nombrado barón Sydney de Chiselhurst por el Rey Jorge III, en 1783: el rey loco. Jorge III no toleraba que sus cortesanos tomasen asiento mientras él y su familia escuchaban música de Handel en larguísimas sesiones. El monarca disponía a su antojo del tiempo de sus súbditos y no aceptaba que ninguno de ellos lo mirara directamente a los ojos.

Pero viajemos hacia atrás, mientras... más allá, un anciano de barba entrecana da de comer un excelente pulpo a las gaviotas. ¿Es acaso millonario? No viste como tal...

Viajemos en el tiempo. A la época victoriana. ¿Le parece? Victoria, cuando sólo tenía 18 años, tomó inesperadamente el trono de Inglaterra. Su personalidad le confirió un gran prestigio que no mermó durante los más de sesenta años que detentó el poder. La dinastía de los Hannover se mantenía entronada en Inglaterra desde 1714. Con el rey Jorge III, que había vencido a Napoleón, la sucesión estaba asegurada: tuvieron quince hijos. De ellos, el duque Kent, ya en edad avanzada, se casó por intereses de Estado con María Luisa de Sajonia-Coburgo, una joven viuda. De ese matrimonio nació otra, la segunda Victoria. Tras una infancia solitaria y poco feliz, la reina trató de olvidar su melancolía con una ajetreada vida pública. Sin embargo, al subir al regio asiento de altas dignidades, tuvo la fortuna de conocer a su primo Alberto de Sajonia-Coburgo, con quien finalmente se casó en 1840. Fue él quien influyó positivamente su personalidad, y su madre Victoria, de hecho, se encargó sobre todo de infundir en la joven el sentido de la responsabilidad como reina y guía de Inglaterra. La descendencia de esta unión también quedó bien asegurada: tuvieron 9 hijos y 35 nietos.

* * *

Darling Harbour, una de sus varias bahías, antes bastante marginal por lo del barrio chino, ahora reluce con un inevitable jardín chino devorado por ríos y cascadas artificiales, o por fuentes de láser que se mueven al compás de La Traviata. Hay de todo. No hay quien asimile otro espacio temático-recreativo más, imax, acuario, un pabellón de juegos Sega, grande como una catedral... Tiendas, pubs.

Entre sus herederos hubo un emperador de Alemania, una zarina de Rusia, una reina de Grecia, de Noruega, Rumania y España. Incluso, la siguiente generación estuvo presente en los tronos de Dinamarca, Suecia y Yugoslavia. Así, a finales del siglo XIX y principios del XX, casi toda Europa estaba en manos de sus descendientes, razón por la cual la llamaron la abuela de Europa.

Pero volvamos a su vida. La reina, convencida de su papel de representante de una gran nación, se apoyó en la política de los conservadores, quienes querían mantener la imagen de una Inglaterra fuerte. Fue así como en 1770 apoyó la política expansionista en Asia, contuvo las pretensiones expansionistas de Rusia y logró elevar el nivel de vida de las clases desheredadas. Gracias a sus colaboradores –entre elllos, por supuesto, nuestro hombre Thomas Thowshend-- y a pesar de su personalidad austera, Victoria se convirtió en una reina ilustrada.

Enviaron hacia acá al capitán Arturh Phillipe, con un barco lleno de criminales.

Inicaba entonces la época victoriana.

Han pintado barcos y limpiado rascacielos. Hasta el agua de las fuentes es rastrillada hoja a hoja para que no queden impurezas. Respecto a los transportes públicos, cruza al centro un monorriel elevado. Por la calle Pitts se ven más móviles (teléfonos celulares) que caras. Nadie fuma, esperan la luz verde en los semáforos, y fluyen en mangas de camisa, y corbata.

Dos factores contribuyeron a nombrar así su reinado: por una parte, su personalidad, y por otra, la situación objetiva que le tocó vivir: el proceso de industrialización. La Inglaterra rural se convertía definitivamente en una nación que proyectaba en Europa una imagen de estabilidad y bienestar económico. El capitalismo, por otro lado, necesitaba una clase sin acceso a tierras de cultivo – una clase potencialmente aun mas pobre que los siervos--. Nuevas leyes impusieron la pobreza. En Inglaterra, los siervos fueron expulsados de sus pequeñas parcelas, robados de su subsistencia. Durante el régimen del Rey Jorge III, hubieron 3,554 "Actos de Encerramiento," por los cuales 5.5 millones de hectáreas de tierra sierva fueron legalmente entregadas a los lores. Como resultado, masas de gente tuvieron que depender del trabajo asalariado.

Qué hacer en este panorama, con los malos. Los prisioneros ingleses fueron embarcados. Muchos convictos, incluyendo pecadores y criminales, hacia Australia. Su destino, laborar en brutales condiciones para la construcción de caminos y edificios.

Algunas reminiscencias quedan de esta zona –la primera prisión, barracas, tiendas y hospital-- que fue hábitat de la arquitectura de los presos, en The Rocks, por donde once chicos echan carreras en sus patinetas, vehículo de moda.

“Sydney se ha convertido de precario penal, en una lozana, respetable ciudad”, la definía la Enciclopedia Británica, a principios del Siglo XIX.

El reinado de la última Victoria, quien murió en 1901, fue el período de transformación más largo de la sociedad inglesa

* * *

De los apuntes de un viajero: Charles Robin Darwin. 12 de enero de 1836:

Un viento favorable nos empuja casi al rayar el día a la entrada del Puerto Jackson. En lugar de ver un país verdegueante y cubierto de

casas hermosas, acantilados amarillentos que se extienden hasta donde alcanza la vista, nos recuerdan las costas de Patagonia. Un faro solitario construido con piedras blancas es lo único que nos indica que nos acercamos a una ciudad populosa. Entramos en el puerto que nos parece grande y espacioso: está cerrado por acantilados de gres estratificado horizontalmente. El país, casi llano, está cubierto de árboles miserables: todo indica la esterilidad. A medida que avanzamos va, sin embargo, mejorando; comienzan a verse algunos hoteles hermosos, algunas fincas bonitas a orillas del mar. Más lejos todavía, casas de piedra de dos y tres pisos y molinos de viento, al extremo de un promontorio nos indican la proximidad de la capital de Australia. El puerto de Sydney. Allí encontramos muchos y muy hermosos buques; todo la bahia rodeada de almacenes. Por la tarde doy el primer paseo por la población y vuelvo admiradísimo de lo que he visto.

Esto es, a no dudarlo, una de las pruebas más admirables del poder de la nación inglesa. En unos cuantos años, y en un país que ofrecía menos recursos que Sudamérica, se ha hecho aquí mil veces más de lo que allí abajo han hecho en siglos. Mi primer sentimiento es felicitarme de ser inglés.

* * *

Por el año 1819, veinte seis mil personas vivían en New South Wales, incluyendo diez mil condenados; pero en 1840 la transportación de prisioneros fue abolida. Dos años después, Sydney se hizo una ciudad, oficialmente. En 1851 ocurrió la fiebre por el oro y la población incrementó a 300,000 habitantes. NSW celebró su prosperidad en 1888 con la dedicación del Centennial Park.

Durante los siguientes tres decenios, se unió a otros estados y formaron el Commonwealth de Australia, y después de la Primera Guerra Mundial un millón de personas vivían en Sydney. Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, el gobierno empezó un proyecto industrial e importó inmigrantes europeos para trabajar.

Sentados, a la orilla de un café italiano, saborear con los pies hacia el océano, un pastelillo, un buen café, justo debajo de La Opera, donde todo comenzó: “Hemos llegado al mitad de un caluroso mediodía”, escribió el capitán Arturth Phillips, que con sus 1030 convictos prisioneros arribó, justo, a Circular Quay.

En los setenta y ochenta la ciudad se extendió y la población se incrementó a cuatro millones de habitantes.

En 1993, Juan Antonio Samaranch anunció que "Syd-er-ney" sería la capital del deporte Olímpico. Y aquí seguimos todos, maravillados con todo lo que vemos. Compartimos.

Sydney 2000, donde entre un cielo de espléndidos naranjas, nubes altas, blanquísimas, escarpan imposibles.







Revendedores medalla de oro

Sydney: la más atinada acepción de la locura, perturbación, acción irreflexiva;
entusiasmo desmedido

Pedro Díaz G. /Enviado

Sydney.-- Vienen con globos en la cabeza, caminan por una calle vigilada con cámaras electrónicas –conectadas, a su vez, a una central de operaciones--. Es George Street, la arteria vial por excelencia, el andador a pie, las tiendas, bistros y café internet, la más asediada de las avenidas en estos días de euforia australiana.

Se desquicia este domingo. Es tiempo de tomar del brazo a los amigos, y salir a cazar todo lo aprehensible.

Una niña, rubia, hermosa, sale corriendo justo al ver el semáforo amarillo; se le cruza a los coches, ríe porque su compañera no se atreve. Muchos, los que la ven, arquean las cejas. ¿Qué le pasa a esta mujer?

Un segundo más tarde: un trenecito morado cruza la vía, la más famosa y comercial. Hay una línea coloreada en rojo ladrillo en el arroyo vehicular: indica que circulan, por ahí, autobuses en contrasentido. Pero, entonces, si todo aquí se conduce al revés, qué pasa. Vaya descontrol.

Casi atropellan a un amigo, ¡que ni cuenta se da! Baja del coche por el lado inverso (que a estas alturas no se puede definir cuál es) y tras el auto, que además desobedece la señal pues sólo deben circular camiones, viene uno. Sólo ríe cuando sus amigos le advierten que su historia se llamaría Muerte en Sydney.

Se oye de todo en George Street.

Se mete en la cabeza el ti-tac, tic, tac tictactictactictac de los semáforos, se mezcla con el jazz, con la música barroca de quienes ambulan los caminos. Como Carlos Pérez, a quien le arrojan monedas tras tocar, con la guitarra, el concierto de Aranjuez.

Calle segura, esta de tiendas llenas por doquier.

Estridencia traen los canadienses, con sus gritos, sus banderas, los rostros pintados de emoción.

Y decenas de visitantes se apoderan de la fugaz exhaltación de los sentidos: una niña anda en patineta (80 dólares, el costo más barato), y, a pedalazos, se escurre entre la gente. Otro joven aprovecha y en dos ruedas reparte, en pequeños folletitos, la palabra del Señor.

Centro comerciales de productos chinos, City Mark, en la esquina de Hay y George. Y la demencia colectiva: todos traen sus celulares (incluido un servidor). Los negocios de Internet florecen casi a cada cuadra. Un hombre vende sus boletos para la natación. Boletos de oro, dice, pero pocos se acercan a preguntar.

La Central Station es, por dentro, una maraña de tranvias que recorrer la ciudad entera. Imagine: ahí solamente existen 24 vías confluyendo. Y, para evitarse congestiones, la solución ha sido simple: tras pasar por la taquilla, es decir, las máquinas que le cobran su boleto de acuerdo con la distancia recorrida, usted tendrá que husmear en pantallas de televisión que dicen cada ruta, los minutos que faltan para que arribe su tren, y, lo mejor, los hay directos: mismas vías que sólo se detienen en paradas específicas e ignoran otras, por si quiere ir más veloz. Así, un recorrido entre Lidcombe Station, en Homebush, sede del Olimpic Park, a Central, lo mismo se detiene siete estaciones, o tres. Y cada detalle se indica en este sofisticado sistema de transporte.

Y por fuera, punto de entrada al barrio chino, cuyo árbol de hule, de la gota eterna e infinita, es una fuente ajena, extravagante, llena de inspiración: es símbolo de bienvenida al barrio chino. Es también una suerte de fuente de los deseos. Pero no aviente sus monedas: es suficiente con mirarla para ver cómo gotea: apenas es el tronco ancestral de un árbol con algunos adornos que simulan oro sobre su alto corpachón. De allá gotea incesante un poco de agua, que, al decir de la comunidad, trae buenaventura. Suerte. Todos se detienen a admirarla.

“Hay Street” es una calle cerrada donde solo cruzan trenes. Y hay que tener cuidado al pasar. La gente, que ahora viste con banderas, gorras, se identifica como olímpica porque un porcentaje muy alto tiene al cuello su acreditación. Una arteria sin automóviles, permite, así, un descanso. La contemplación sin aminorar el paso. El tiempo de tomar un respiro. Porque hace hambre y hay que intentar traducir cada letrero, que, literalmente, en chino está.

Los pubs debido a la sed están siempre llenos. En Market City, venden skies, viajes a Japón; casi todos por aquí son orientales, el mayor turismo, sin duda, viene de allá arriba.

¿Y la comida, qué elegir?

Se antoja un buen filete, pero... “Beef potato, vegeterian potateo, vegetarian pied (una especie de chalupa), chicken hawahian paid, doner kebab roll”, y cafés: “capuchino megachino”.

Helados deliciosos... pero, no. Muchos siguen en el estornudo, muchos viven, de verdad, con gripe. Dios.

Casi todos traen una cámara en la mano. La gente toma un alimento sentada en banquetas y escalones. Se escuchan todos los idiomas, lenguas, onomatopeyas. Gritos. Como los de este grupo de brasileños –bebé al hombro, cerveza en mano--, que festejan cuando el hombre del saxofón en Margaret Street, toca una samba.

Caminar.

En ello se pasa parte del domingo.

En pleno centro, un mercado como de revendedores reubicados.

Locales con ofertas, koalas de peluche, recuerdos, playeritas, sudaderas, lencería, pieles de canguro, o imitación pieles de canguro. Llaveros. Gorras.

Al salir del barrio chino un hombre toca el avderitoo, ese instrumento de aborígenes que estremece al escucharse.

Qué tal suena, no por algo hasta Yothu Yindi, un grupo de rock vende tantos discos.

El hombre, torso desnudo, explica a la gente desde donde viene el aire que convierte en bellos sonidos que aligeran el espíritu. Sale del pecho y termina en las mejillas, cachetes que se inflan.

--Tainkyu –exclama--, y, traducido: esto es lo que me salva la vida, dice tras un fuerte aplauso, muestra a la concurrencia un encendedor y un cigarrillo y lo prende, disfruta este momento: tras la risa colectiva, las monedas caen copiosas.

Sydney es disparate y es demencia. Es, no hay duda, en estos días, la palabra que aplica su verdadero nombre a la locura.