Imágenes de una larga tardeRamón Márquez C. y Pedro Díaz G./ Enviados
Sydney.- Imágenes son de una larga tarde.
La tarde del escándalo…
* * *
Mario Vázquez Raña irrumpe furioso en el amplio salón, por el que, a través de un pasillo que forma una greca, los atletas que acaban de competir conceden entrevistas a los reporteros.
Y ahí, al pie de una puerta que da acceso a un pasillo interminable con puertas a ambos costados, empieza una agria discusión. A ella se unen Ivar Sisniega y Felipe Tibio Muñoz. Es fuerte el enfrrentamiento verbal con algunos dirigentes de la Federación Internacional de Atletismo Amateur
-IAAF, por sus siglas en inglés-. Es la discusión que precede a la protesta oficial del Comité Olímpico Mexicano por la tardanza de la IAAF en dar a conocer a Bernardo Segura que no, no era campeón olímpico en 20 kilómetros de caminata, porque había acumulado tres amonestaciones -equivalentes a una descalificación automática.
Todo mundo grita. Todo mundo empuja. Se atropellan las palabras, ecos incomprensibles de sí mismas. A un lado, aún atónito, Bernardo Segura recibe, de un juez, el documento oficial en el que se comunica dónde y cuándo se produjeron las tres amonestaciones.
-Yo no vi a ningún tercer juez -dice el marchista mexicano… -En dado caso, en ese momento debí de haber sido retirado de la pista.
--¿Qué pasa, que está sucediendo ahora?
--En realidad no lo sé -dice Bernardo, ausente su mirada-… Hablan de una tercera tarjeta, dicen que no he ganado, que me descalificaron…Pero no lo han hecho oficial todavía.
A unos metros de ahí, en la vasta sala de prensa en la que desperadamente teclean cientos de reporteros de todo el mundo, anuncia la anónima voz en el altoparlante:
--Atención, señores periodistas: autoridades de la IAAF han confirmado la descalificación del mexicano Bernardo Segura en la prueba de 20 kilómetros de caminata. Robert Korzeniowski es el ganador de la competencia; Noe Hernández es segundo lugar, y tercero Andreyev Vladimir.
--¿Qué están haciendo aquí los funcionarios del deporte mexicano? -preguntan a Bernardo.
--Sé que presentaron una protesta, pero ese tipo de apelaciones nunca prospera - responde, aunque de inmediato abre la puerta a la esperanza:
--Y si me regresan la medalla, qué bueno, porque la merezco.
--¿Y si no?
--Lo peor es que me hayan dejado festejar…
Manos desconocidas tiran de sus ropas.
--Que vengas, que vengas al salón donde se va a producir la apelación -le dicen.
Y se lo llevan.
Se pierde la figura de Bernardo por el largo túnel, caminando de prisa -¿también aquí?-, ahora detrás de los hombres de pantalón largo, que continúan discutiendo acalarodamente.
A unos metros de ahí, Korzeniowski marcó el número telefónico de su casa, en Krakow, Polonia, y comenzó a hablar con su esposa, Agnieszka…Repentinamente, alguien le trajo las buenas nuevas: ya no era medallista de plata, sino de oro. Rompió a llorar. Y dijo entonces a la amada Agnieszka: “Querida, querida, me estoy volviendo loco… Soy el ganador”.
A UN KILÓMETRO
DE LA META
Con frialdad pasmosa lo da a conocer Brian Roe -hombre con cara sin alegrías, sin curiosidad ni expectativa, llena solamente de designios hostiles-, que en esta conferencia de hoy representa a los jueces internacionales de la caminata :
--La tercera amonestación para Bernardo Segura -que determinó su descalificación-, se produjo a jun kiilómetro de la meta.
Eso quiere decir que, cuando menos, y además del propio instante de sancionar por tercera ocasión al anarín mexicano, contaron con once minutos para comunicárselo y evitar que entrara al estadio y se sintiera campeón olímpico. Eso, cuando menos. Hay que agregar todo el tiempo del festejo, la vuelta al estadio, las entrevistas a la televisión, la charla con el presidente Zedillo…Entre cuarenta y cincuenta minutos más.
--¿Y por qué se tardaron tanto para darle a conocer que estaba descalificado?
Incapaz de responder a lo que no tiene respuesta, se pierde Roe por los terrenos de lo absurdo:
--Es que había mucho tránsito. No podíamos acercarnos a él. Y un helicóptero no hubiera podido acercarse al estadio. Había mucha gente en la calle.
Así que en estos tiempos de la cibernética, en los que fueron instalados 45 kiilómetros de cable de fibra óptica para facilitar la comunicación telefónica en el complejo olímpico, en esta época en la que hasta los niños juegan con un walkie-talkie, la IAAF carece de medios para dar a conocer a un atleta que ha sido descalificado.
¿Qué hay de aquellos tiempos en los que, inclusive, el juez que mostraba la tercera tarjeta se interponía entre el corredor y la pista para evitar que continuara avanzando?
--Nosotros podemos tardarnos el tiempo que queramos, el que necesitemos…
Y después se sumergen en un mutis irritante.
JUSTICIA DIVINA
Roe y su cara dura ocupan el extremo izquierdo de una larga mesa en el salón de conferencias. En el extremo opuesto asoma el rostro juvenil y de autóctonas facciones de Noe Hernández. Al centro, las pálidas mejillas del eufórico polaco Robert Korzeniowski dan paso a un marcado arrebol; ha sido casi una hora y media de intensa presión y de ardua competencia bajo los fuertes rayos solares. Su simpatía es natural. Habla con tanta rapidez y en él tantas ideas a la vez, como la fuerza y la tenacidad que emplea en la pista.
Lo presentan como el primer campeón del atletismo olímpico en su versión 2000.
Lo presentan como el ganador, que es, de una segunda medalla de oro. En Atlanta 96 ganó la de la caminata de 50 kilómetros.
Lo presentan, en fin, como el pimer marchista que ha ganado las dos competencias olímpicas de caminata.
El se presenta, a su vez, como ferviente admirador del papa Juan Pablo II y agradece al Creador lo sucedido hoy. “Justicia divina”, dice.
Los azares del destino le han llevado a vivir una extraña coincidencia: en la final de los 20 kilómetros en Barcelona 92, Korzeniowski fue descalificado justo al entrar al estadio. Nadie marchaba a su lado. Era, de hecho, medalllista de plata. Dolorosamente eliminado, vio cómo esa presea iba directa al cuello de un competidor mexicano: Carlos Mercenario.
Ahora todo está de su lado, dice.
--¡No puedo creerlo!… En sólo un segundo pasé de ser medallista de plata a campeón olímpico. La victoria significa que mi preparación física y mental desde Barcelona 92 ha sido muy exitosa. Sufrí una descalificación similar a la de hoy y supe sobreponerme. ¡Esta medalla es la confirmación de mi talento!… -Lo dice con una sonrisa de neón recorriéndolo el rostro anguloso, y con un tono de voz festivo, ausente en él cualquier rasgo de vanidad…
--¿Qué lección le dejó Barcelona 92?
--Que la única regla es no tratar de ir más aprisa en los últimos metros, nunca tratar de dar alcancem a un adversario, porque puedes ser descalificado en los últimos 400 metros sin un aviso previo.
Korzeniowski ha omitido decir que en Barcelona 92 se establecieron dos récords: el suyo, de recibir ¡cinco amonestaciones!, y el de los jueces, de no descalificarlo en cuanto le aplicaron la tercera.
--¿Hará su tercer intento de convertiste en doble medallista en unos mismos Juegos Olímpicos?
Ni duda cabe:
--¡Por supuesto!… Antes de la prueba de hoy pensaba que sería muy difícil intentar repetir la medalla de oro que gané en Atlanta, pero ahora estoy seguro de que mi forma física es buena; ¡estoy en tan buenas condiciones para ganar los 50 kilómetros, que sólo el demonio de Tasmania podría vencerme¡
Pero, por ahora, dice entre risas, basta de entrenamientos y de Juegos Olímpicos.
--Voy a irme, a salir de la Villa Olímpica. Quiero ir a las playas toda una semana, quiero aires nuevos, nuevas motivaciones.
Esa será, sin duda, una de las más curiosas formas de prepararse para una competencia tan agotadora como la de los 50 kilómetros.
ME DABAN RISA…
Después de la catarata oral y tan entretenida de Korzeniowski, el turno es para el difícil discurso de Noe Hernández. ¡Quiere decir tantas cosas!… Pero no llegan las palabras, las ideas se atropellan. Quedan inconclusas las frases… Pero, sobre todo, lo que en él aflora es una extraordinaria sinceridad. Y también hace reir a quienes le escuchan. Le han preguntado -¿alguna vez habrá sido hecha esa pregunta en una conferencia como esta?- si alguna vez soñó con ser medallista olímpico en natación….
--¡Nómbre!… Si allá en mi pueblo -Poza Rica, Veracruz-, nomás nos reíamos de ver cómo se meneaban los marchistas… Me daban risa… Ahí iban, nomás, moviendo de un lado a otro las caderas.
Mezcla los temas en su declaración, y va desde el agradecimiento hasta la narración del gran sacrificio para llegar a Sydney -tengo un año fuera de casa; ya me muero por ver a mi familia”, y luego a la profundidad:
--¿Qué opina de lo sucedido aquí?
--Que es una injuusticia. Yo, la verdad, no debo ser medallista de plata. Soy ganador de la medalla de bronce, porque la de oro pertenece en realidad a Segura. El la ganó en la pista.
--Pero, en fin, ya es usted un ganador olímpico.
--Nunca pensé en ganar aquí. ¿Cómo, si soy un novato, y sabía que me iba a enfrentar a grandes señorones de la prueba? No es fácil vencer a los grandeds campeones, así que hoy me he demostrado a mí mismo que sí, que se vale soñar…
Y cuando ya finaliza la entrevista con la prensa internacional, en el propio estrado se produce otro desagradable batalla, grotesca batalla, en la guerra que sostienen las hijas de doña tele nacional. Los televisos tiran del brazo derecho derecho de Noe; los teleaztecos del izquierdo. Ambos demandan su inmediata presencia. Y comienza el forcejeo verbal entre ellos. “Que decida él mismo”, dice alguien. Y el pobre Noe los mira a los dos sin saber qué hacer ni qué decir, porque esos dos son los ex marchistas, ex medallista olímpicos Raúl González -ahora teleazteco- y Carlos Mercenario -ahora televiso-. A gritos discuten los productores de ambas empresas, hasta que uno sugiere: “Mira, vamos afuera, al palco, para que no nos peleemos”. Y el Charro González, veterano cronista de la radio, los incita, también a gritos y muy divertido: “No, no, mejor sí, peléense… Sí, peleen. A madrazos es la mejor manera de resolver estas diferencias”. Pienso que si hay golpes, el primero va a ser para el Charro. Pero no. No hay golpes. Y mientras en el palco siguen discutiendo los hombres de la tele, el Charro interpone micrófono y grabadora: “Señoras y señores, estamos en Sydney, en vivo, ante Noe Hernández…” Y comienza una entrevista radiofónica histórica, porque los hombres de la pantalla han enmudecido por la sorpresa.
Yo también soy juez
Se informa a la prensa internacional que, de acuerdo con el reglamento de la IAAF, el Comité Olímpico Mexicano ha presentado una protesta formal.
Ya reunidos están los máximos dirigentes de nuestro deporte con los tres miembros del Comité de Apelación -ninguno es de la misma nacionalidad de los atletas aquí involucrados- . El resultado de esa discusión, se dice aquí, será ofrecido en una hora.
Y esa hora coincide justo con la hora en la que ha sido programada la premiación a los marchistas.
Mario Vázquez Raña, quien sería el encargado de entregar las preseas, desiste de hacerlo. Está furioso. En privado discute con el moreno Lamine Diack, presidente de la IAAF. Allá, en uno de los cuartos al fondo del largo pasillo, se pelea con énfasis el destino de una medalla de oro.
Repentinamente se presenta Adrián Navarro, entrenador de Bernardo, pero no puede ingresar al salón de discusiones. Su acreditación, que marca tantas fronteras a quien la porta, no le permite esas atribuciones.
Admite su tristeza:
--…¿O no?… Porque ya eres campeón, ya festejaste, ya te entrevistaron, ya hablaste con el presidente de tu país, y que después te digan que estás descalificado… Aunque todavía no es seguro, porque me dicen que están liberando los jueces, y que una parte de ellos están a favor de Bernardo, por lo tardío de su descalificación. Y, pues… Todavía hay un hilito, una vela prendida.
--¿Y no le parece absurdo, Adrián, que en estas modernas épocas de la cibernética y la comunicación instantánea, un jurado se tarde más de media hora en dar a conocer una descalificación?
--Claro que sí. Es demasiado tiempo. Yo también soy juez internacional y siempre que estamos en una competencia así, de tal envergadura, tratamos de comunicarle inmediatamente al competidor su descalificación, para que no suceda esto, exactamente. Porque sabemos del dolor, la tristeza, todo lo que siente un competidor al saberse descalificado. Ellos tenían medios electrónicos para comunicar las tarjetas, porque vi en el pizarrón que el que ponía las tarjetas traía un micrófono y las estaba comunicando por radio o por teléfono. No pudieron, no debieron haberse tardado tanto tiempo en decirle a Bernardo que estaba descalificado.
--Sea usted juez de sus propios jueces, por favor…
--Definitivamente, se trata de una falta de comunicación efectiva o rápida. De una gran incompetencia, señor.
Ya en el centro de la cancha ha sido instalado el podio.
Ya está casi lista la primera ceremonia de premiación de atletismo en este Sydney 2000.
¿Y Noe?…
Faltan 10 minutos para las siete, la hora marcada.
Por el largo pasillo de verdado acceso para la prensa, camina primero el ruso Vladimir Andreyev.
Instantes después aparece el polaco Korzeniowski
Especulan ingenuamente algunos reporteros mexicanos:
-¿Será que ya les van a comunicar que la medalla ha sido devuelta a Segura?
Perdónalos, Señor…
Pero, ¿y Noe?
Con desesperación repite Felipe Muñoz esa misma pregunta. Como no hay respuesta, es él quien escucha preguntas mil. “¡Busca a Noe inmediatamente!”, ordena a uno de sus subalternos antes de charlar con los periodistas.
Explica:
--No apelamos por las amonestaciones, por la descalificación. Nos mostraron el documento en el que se señala que Daniel fue amonestado a la 1.51 de la tarde, a la 1.59 y a las 2.05 -Daniel cruzó la meta a las 2.09. Y mientras el Tibio habla recordamos las palabras de Korzeniowski: “no tratar de rebasar a un contrario en la parte final de la competencia, porque serás descalificado”-. Respetamos el reglamento. Pero ese mismo reglamento dice que debe ser inmediata la comunicación a un competidor de que ha sido descalificado, y eso, claramente, no sucedió aquí.
Lo demás, dice el Tibio, es cuestión de semántica.
--Ellos se defienden argumentando que el reglamento no específica, en lo que a tiempo se refiere, la palabra “inmediata”… ¡Por favor!, les hemos dicho… La inmediatez no puede ser medida. Es eso solamente: la inmediatez…Pretendemos que esa falta de inmediatez anule el castigo. Es que no es posible: su error afectó no solamente a los Juegos, sino a un pueblo entero, al mexicano, que ya festejaba la conquista de esa medalla.
-¿Y?…
-Será muy difícil. Son ya tres horas de discusión, tres veces hemos apelado, y tres nuevas discusiones han surgido. Pero vamos a seguir peleando...
--Pero ya se aprestan a realizar la ceremonia de premiación.
--Eso no importa. No sería la primera vez en que en unos Juegos Olímpicos las autoridades enmienden un error y pidan a un atleta que devuelva su medalla.
Después apunta:
--Lo importante aquí, mira, es saber que los muchachos tuvieron una excelente preparación. En el trayecto final, entre el grupo de punteros figuraban tres mexicanos. Dos de ellos llegaron a la meta entre los tres primeros. Con descalificación o sin descalificación. Y eso es lo relevante…
De repente reacciona el Tibio:
¿Y Noe? ¿Dónde está Noe?
Nadie lo sabe. Lo cierto es que, de hecho, lo tiene secuestrado Televisa. La entrevista exclusiva, ya usted sabe… El tiempo olímpico puede esperar..
Ya no hay vuelta de hoja
Ha visto correr a Ana Guevara. Ahora presencia, con cierta expresión de melancolía, la ceremonia de premiación de los 20 kilómetros -¿de qué ríen quienes premian, después del escándalo que pesa sobre los hombros de la IAAF?-. Ahora comenta Ivar Sisniega:
--La forma, no el fondo, es lo que no estuvo bien, y eso se discutió sobre la base del propio reglamento de la IAAF que lo marca, pero tan les costó trabajo tomar una decisión, que fueron más de tres horas de definiciones. Insistimos a sabiendas de que se trataba de una protesta muy difícil de ganar.
--Estás hablando en pasado… ¿Quiere decir que ya se resolvió esto?
--Ya -responde el presidente de la Conade sin el menor gesto de dramatismo-. Ya no hay vuelta de hoja.
--¿Durante esas discusiones se habló de lo que para la IAAF representa el hecho de que casi 3.5 billones de personas que ven estos Juegos por la televisión, y que todo un país haya celerado la conquista de una medalla de oro para que, posteriormente, un grupo de jueces decida que todo eso ha sido falso?
--Sí. Inclusive Mario Vázquez Raña estuvo un rato muy largo con el presidente de la IAAF, y se reconoció que lo sucedido aquí es algo muy grave para la propia IAAF y, lógicamente, para los países afectados. Pero, ya lo sabes, eso es lo discutible de la caminata. Aquí lo desafortunado fue la manera con que se dio. Permitieron a todo un pueblo festejar, le dieron una gtran alegría para después quitársela… Pero hay una algo que no me gustaría que perdiera su auténtica relevancia…
--¿Qué es, Ivar?
--Que todo lo sucedido no nos lleve a menospreciar lo relevante de la medalla ganada por Noe, quien ganó a pesar de su juventud, de su inexperiencia. Eso hay que celebrarlo. Es una medalla de plata con un sabor un poco amargo, pero una medalla de plata ganada a toda ley…
Justo cuando los dos mexicanos del grupo final comenzaron a rezagarse -cuarto y quinto, quinto y sexto, sexto y séptimo, séptimo y octavo--, Bernardo se acercó a Noe. Conversaron rápidamente. Noe asintió con un movimiento de cabeza. Y comenzó la cacería. De flaqueza sacaron fuerza y comenzaron a escalar nuevamente. Cuando a la vista se encontraba ya la majestuosidad del estadio -dicen que en este tramo se produjeron las tres amonestaciones para Bernardo-, y en punta ya quedaba solamente Korzeniowski, Noe se fue detrás suyo hasta rebasarlo y contenerlo un poco. Cuando lo logró, Segura avanzó por fuera y se lanzó a la meta en primer lugar. Se sacrificó, pues.
Lo admitiría el propio veracruzano:
--Yo iba por la de bronce. El plan era que Bernardo ganara el oro…
Así de fácil. Así de naturalmente doloroso es el sacrificio del que viene. Luchar tiene por el que ya se va..
Otra vez lo voz de Ivar, cuando ya muere esta tarde del escándalo y saluda a la noche del escándalo:
--La IAAF tiene muy claro que se equivocaron en cuanto a la imagen que dan al mundo por manejar la caminata de esta manera, y que tienen que pensarlo muy en serio para que no vuelvan a pasar cosas tan penosas, tan lamentables… Cosas que tienen cierto aire de crueldad hacia el deportista.
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Imágenes…
Imágenes finales en la noche del largo día del escándalo:
Bernardo Segura, cariacontecido:
--¿En cuatro años?… No lo sé. No sé si todavía tenga capacidad, fuerza… No sé si todavía tenga el deseo de seguir en esto.
Ivar Sisniega, cariacontecido:
--A ver ahora cómo levantamos el ánimo de la delegación.
ACCION DE FONDO
Sydney.- En la parte media del podio olímpico, Noe Hernández eleva su medalla de plata a la altura de los ojos y la mira fijamente.
¿Es que quiere que la memoria fotográfica de su mente registre cada detalle de ella?
Porque no sería extraño que la estupidez de la IAAF decidiera, algún año de estos, que no le pertenece porque fue descalificado…