
Migración, entre la oportunidad y el abuso
La migración se da, por lo general, de los países de bajos ingresos a países de alto nivel. Y, también por lo general gana la nación receptora de migrantes. Pero, ¿qué sucede cuando, sin aportar nada, nada, nada, se vive bien, bien, bien, muy bien...?
Pedro Díaz G./ Enviado
Sidney.-- Llegan por barco a las costas australianas. Y aquí se quedan. La mayoría, de los países orientales, pero hay hindúes, rusos, españoles, italianos...
Son los migrantes. Viajeros que consigo llevan, muchas veces, la desesperanza.
Esos que observan desde lejos la prosperidad de otros países, toman riesgos y se aventuran a cruzar esa frontera que deja atrás cultura, raíces, esperanza.
Los beneficios para los que emigran son acceder a mayores ingresos y van en busca mejores oportunidades; de educación, entre otras. De trabajo, de desarollo personal.
Pero qué difícil, esto.
Andrew Buenrostro, aquel de los inicios, es un mexicano que no conoce México. Carlos Gutiérrez, en cambio, es un español que a los cuatro años vino a Australia con sus padres; se convirtió en australiano, viajó a Chile de negocios, conoció al amor de su vida, se casó y quedó diez años, allá, en Sudamérica. Después se convenció: "como Australia no hay dos", ¿dónde he oído esto?
Australia: los niños menores de diez años tienen transportación gratuita. Y si tu escuela queda lejos, ya más crecidito, igual. La condición es que te dirijas, no sé cómo lo comprueban, a un salón escolar.
Australia: al llegar, así sea en barco, de indocumentado: apoyos, dinero para sobrevivir. Es un pueblo humanitario.
Contradicciones: se recibe así a quienes llegan de altamar, huyendo de miserias que producen ansiedades. Pero para vivir aquí, por medio de un trámite legal, hay que esperar más tiempo. Y, además, ser profesionista, cuando menos.
Australia: si estudias una carrera universitaria, mereces, te otorgan una pequeña beca para que no pases penurías: 400 dólares acaso a la semana. De estos, que en pesos habrá que multiplicar, más o menos, por seis.
Australia: un obrero o gente que se dedica a la mano de obra, percibe sobre los 700, 800 dólares australianos por semana. Cinco mil al mes es ya un buen sueldo: lo que gana un profesor. Lo que le ofrecen, por cierto, a Jorge Rueda, el entrenador de la medalla de plata que ganó para México, con Fer, que tanto festejaron las televisoras. Esas...
Australia: antes se podía ingresar al país con menos trámites, menos problemas, más rápidez en el llenado de formas y contextos.
No ha sido así desde hace, más o menos, una década.
Australia.
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Migración.
Los costos negativos reales, las pérdidas, son para el país que se abandona, casi siempre, con desanimo, pues se ha invertido en su educación y están en una etapa de la vida en la que más se puede procudir. Al emigrar, el país que invirtió en ellos deja de obtener ingresos por impuestos. Ocurre, además, lo que se denomina "fuga de cerebros", cuando los que emigran son los más cultos. Y eso sí es una verdadera lástima.
Por otro lado, no obstante, hay cierto beneficio. Sí, sólo sí: el país abandonado obtiene grandes cantidades por las remesas de dinero que los emigrantes envían a familiares. Pero muchos, qué tristeza, marchan con carreola, niños. Y mujer.
Hay naciones como Filipinas y México que reciben considerables envíos --con los que lucran inmisericordes empresas de cambio de moneda que todos conocemos-- y así se revitaliza la economía interna.
Pero el beneficio es para el receptor: tiene en sus manos gente apta para la vida laboral y muchos poseen cierto grado escolar. En lo que hay que trabajar, y se hace rápido, es en el idioma...
Los costos para el país que los recibe están asociados a los mayores gastos en servicios públicos (hospitales, educación) que tienen que brindar a los recién llegados, pero esto es más que compensado por los impuestos que pagan, apenas iniciado su trabajo.
En todo caso, hay naciones que dependen de la mano de obra extranjera para que su economía funcione, pues no tienen suficiente población o mano de obra calificada, como sucede a algunos países petroleros.
Pero, ¿qué pasa en este mundo?
Habrá que hablar entonces de globalización.
La población migrante sobrepasa los 120 millones de personas en el orbe, según la Oficina Internacional del Trabajo, 67 países son, hoy, importantes receptores de inmigrantes.
Hay un libro titulado Workers without Frontiers; the Impact of Globalization on International Migration, y ahí su autor sostiene que los flujos de bienes y capitales entre los países ricos y los pobres no serán lo suficientemente amplios como para satisfacer la necesidad de empleos en los países más pobres, sino que, por el contrario, es probable que la fractura social provocada por la reestructuración desarraigue a un número mayor de personas de sus comunidades y las anime a buscar trabajo en el extranjero. ¿No suena, quiero decir, se lee muy lamentable?
El total de personas migrantes en todo el mundo sobrepasa hoy los 120 millones --frente a los 75 millones de 1965-- y sigue creciendo.
"En un mundo de ganadores y perdedores, los perdedores no desaparecen; simplemente buscan un lugar a donde ir", dice Peter Stalker, el autor del libro.
La posibilidad de encontrar buenos empleos y obtener una remuneración mucho mayor es el principal motivo que hace emigrar a las personas: un estudio realizado en 1996 sobre 496 mexicanos indocumentados instalados en los Estados Unidos reveló que en su último empleo en México ganaban por término medio 31 dólares por semana, frente a los 278 dólares semanales que ingresaban apenas cruzando la frontrera: o sea, 9 veces más; en 1997, los jornaleros indonesios ganaban 28 centavos de dólar diarios, frente a 2 dólares, o más, en la vecina Malasia. Y como negocio, el tráfico de migrantes es sumamente lucrativo. Por pasar en coche ilegalmente a alguien a través de una fontera de Europa, o en una embarcación desde Marruecos a España, o de otra del Sur de Japón, Singapur, Shangai, a Australia, pueden cobrarse unos 500 dólares, pero un sofisticado paquete de viaje para un migrante indocumentado desde China a Estados Unidos puede llegar a costar hasta 30 mil dólares.
Este flujo ilegal de trabajadores ha dado origen a un gran mercado de documentos falsificados. Bangkok, por ejemplo, se ha convertido en un importante centro de producción de pasaportes falsos, en especial coreanos y japoneses, que se venden a unos 2 mil dólares y que utilizan emigrantes chinos para viajar a casi cualquier parte del mundo.
Un indicador más realista del potencial migratorio es la diferencia salarial existente para ocupaciones abiertas a los inmigrantes. Estas ocupaciones varían considerablemente de un país a otro --aquí, en Sydney, las housekeeper, es decir, afanadoras, son mujeres de velos azules e ideas algo musulmanas cubriéndoles el rostro--, aunque en casi todas partes los inmigrantes tienden a concentrarse en ciertos sectores productivos.
En Estados Unidos, en el que más participan los inmigrantes es la agricultura. En Bélgica y los Países Bajos se utiliza mano de obra para la extracción y tratamento de minerales; en Dinamarca, Alemania, Australia y Canadá es el sector manufacturero; en Francia y Luxemburgo, la construcción y la ingeniería civil; y en el Reino Unido, el sector de servicios.
El mundo ha vivido en épocas anteriores migraciones en gran escala: la trata de esclavos y la migración europea al Nuevo Mundo y a este país que hoy visitamos: Australia.
La transferencia más brutal de personas de un país a otro se produjo a consecuencia de la trata de esclavos. Se estima que 15 millones de fueron transportados desde África a "las Américas" con anterioridad a 1850, y que durante el siglo XX, tras la abolición de la esclavitud, más de 30 millones de personas se vieron desplazadas.
Millones se reubicaron, también, voluntariamente. Entre 1846 y 1939, unos 59 millones dejaron Europa, la mayoría para dirigirse hacia el continente americano, pero, también, otras rumbo a Australia, Nueva Zelandia y Sudáfrica.
Hay que detenernos a pensar que el porcentaje actual de población extranjera en Australia es del 22%, en Canadá del 16%, en los Estados Unidos del 8% y en Alemania del 8,8.
Aumenta, en pocas palabras, la oferta por los seres humanos. ¡Qué frase tan atroz! Pero así es.
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Al llegar tienen garantizada, cuando menos, la sobrevivencia cotidiana. Pero qué sucede cuando, como nos narra Carlos Gutiérrez, con un dejo de molestia, "conozco a muchas personas que han llegado aquí, a Sydney, y gracias al sistema, que mucho te apoya y da, viven sin trabajar un sólo día en su vida: sólo con los programas de ayuda a desvalidos, y los vez, muy ufanos, comprando bienes. Yo conozco gente, y me lamento decir que son amigos, que 'no dan un golpe', es decir, que no producen para el país que les ha abierto sus puertas, y tienen, de verdad, hasta tres casas".




